Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Año santo en Liébana

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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AUNQUE VIVIMOS en un mundo cada día más pagano y desacralizado, las reliquias aún atraen a un buen número de fieles y peregrinos, especialmente en los Años Santos. Del 22 de abril de 2006 a la misma fecha de 2007 es Año Santo en Liébana, la comarca cántabra que guarda, en el monasterio de Santo Toribio, el mayor trozo conservado del Lignum Crucis. Al parecer fue este obispo de Astorga quien en el siglo V lo trajo de Jerusalén; durante la invasión musulmana dicho pedazo de la cruz fue llevado a Liébana, comarca circuida de montañas, donde los monjes lo han custodiado hasta hoy (en realidad ahora una comunidad franciscana). En el siglo XVI el Papa Julio II concedió el jubileo en los años en los que la fiesta de Santo Toribio coincidiese en domingo, como el pasado año. El pasado sábado por la mañana el número de peregrinos superaba los varios centenares; había muchos niños y niñas que, con sus maestros, habían venido andando, en varias etapas, desde Castro Urdiales. Todos hacían largas colas para venerar y besar el trozo de leño en el que Jesús fue crucificado. El monasterio de santo Toribio está a poco más de dos kilómetros de Potes, la villa más conocida y turística del valle de Liébana, en la confluencia de los ríos Quiviesa y Deva, que estos días bajan caudalosos. No es para menos, viniendo de León, por el puerto de San Glorio la nieve cubre las montañas y llega hasta la misma orilla de la carretera no siempre limpia de nieve en el lado cántabro, pues el viento la arrastra hasta el centro de la calzada. La subida desde Riaño es homogénea y poco pronunciada. El viajero pasa por pueblos encantadores como Boca de Huérgano, Los Espejos, Portilla de la Reina y Llávanes. Desde lo alto del puerto la carretera desciende vertiginosamente mediante curvas y contracurvas que, en estas fechas y con la nieve, infunden un poco de miedo y mucho respeto. Aquí la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa, con sus crestas calizas, no solo son un recreo para la vista, son también paisajes espectaculares de una grandiosidad casi inaudita. Potes es la capital del valle del Liébana. Conserva en buen estado una arquitectura popular en piedra de noble belleza, calles empedradas con guijarros, airosos puentes con pretiles de piedra, algunos molinos y varias torres medievales, como las del Infantado, en el centro del pueblo, cabe el río, y la del Orejón de la Lama, con sus ventanales góticos y varios escudos heráldicos. Potes es un pueblo animado por el turismo, con numerosos restaurantes en los que se degustan los típicos platos de la zona, como el cocido lebaniego, los quesucos y el orujo. Quizá esto último sea uno de los rasgos más peculiares del valle, los diminutos viñedos que crecen protegidos entre las montañas de las inclemencias de un clima duro que, en el valle, se suaviza lo suficiente como para que pueda crecer este cultivo. La alquitara es un motivo cotidiano y ornamental. Como el Bierzo, Liébana fue tierra de monasterios de repoblación y ermitas recoletas. Aguas abajo del Deva, antes de entrar en el desfiladero de la Hermida que abre el valle hacia el Cantábrico, está la iglesia de Santa María de Lebeña sobre un ribazo. Es un pequeño edificio mozárabe, uno de los más bellas de este estilo, de planta rectangular, con tres naves separadas por pilares con columnas adosadas, con capiteles corintios y collarino, que sostienen arcos de herradura. La penumbra creada por el juego de luces provocado por las diferentes alturas de los espacios incita a la devoción. Al exterior destacan los magníficos modillones con adornos geométricos. Una muchacha guía la visita intercalando los datos técnicos precisos con anécdotas y chascarrillos sobre el edificio, la Virgen de la Leche, una talla gótica robada y recuperada por la Guardia Civil y otras imágenes de cierto mérito. Al parecer la iglesia fue construida para albergar el cuerpo de santo Toribio, pero éste no salió nunca del monasterio de su nombre, cuyo jubileo es un buen motivo para visitar esta Semana Santa el idílico valle de Liébana.

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