EL PAISANAJE
A las chapas, según con quién
DICEN QUE el juego de las chapas, con bien afamada tradición, data de cuando los soldados romanos se jugaron a los dados la túnica de Cristo. No está históricamente documentado, pero servidor sabe de más de uno en su pueblo, que es La Bañeza, donde, después de perder hasta los calzoncillos, dejó en prenda a su señora, así que no le extrañaría. Naturalmente no se supo más de la una ni de la otra. Recapacitando sobre estas cuestiones pensaba uno hasta anteayer, domingo de ramos de la oliva de la paz, que lo del diálogo del Gobierno con ETA era el corro de la patata de nuestras canciones infantiles, cuando todos los chicos nos las prometíamos muy felices hasta comiendo ensalada, «lo que comen los señores/naranjitas y limones/sentadito me quedé...». Pero hoy barrunto más bien, llegado a una edad sobradamente juvenil, que las tales negociaciones son un corro de chapas: si salen cara, gana Zapatero; si caen cruces, Otegui; y, si una de cada lado, vuelta a tirar, como en el bombazo de la terminal de Barajas. Así nos va la partida. También le da a uno ahora en la nariz, no como cuando perdió los últimos cinco mil duros y luego se quedó a dos velas, que al país le va a pasar lo mismo. Si 40 millones de españoles sólo tienen un 50% de posibilidades de ganar a doscientos mil batasunos, calculando por arriba,, mal asunto. En el café Pasaje, de La Bañeza, ni los jugadores más viejos y empedernidos recuerdan haber vuelto a casa a pré porque las monedas cayeran de canto. El cronista oficial de la villa, Conrado Blanco, que lleva más de medio siglo de mirón, tampoco. Van casi tres años echando las chapas con ETA y aún nos darán las tantas, como en el Pasaje, hasta las elecciones generales. Ganar, lo que se dice ganar, no se ve que Zapatero vaya ganando, sino más bien jugando a crédito y perdiendo en las encuestas. No debe de ser buen jugador, porque hasta los tahures aficionados saben que es improductivo prestar al de enfrente cuando se le acaba el resto. También es de ley en la cofradía del burle que las deudas de juego son sagradas. Se acabó la racha.