Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Díaz de Mera, un caso perdido

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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EL EX-DIRECTOR general de la Policía, Agustín Díaz de Mera, es el muñeco que Ángel Acebes e Ignacio Astarloa, junto con los medios de la conspiración intoxicadora, han utilizado para intentar dar cuerpo a las cortinas de humo y la tinta de calamar que llevan esparciendo durante muchos meses. Díaz de Mera ya quedó desenmascarado el día que compareció en el juicio por el 11-M. Después ha intentado maquillar sus mentiras culpando a policías profesionales subordinados suyos hace tres años. Además de una bajeza ha sido un enorme error. Esos mismos policías se han apresurado a desmentir que ellos hubieran encontrado alguna relación entre la banda etarra y los islamistas. Díaz de Mera es ya un caso perdido para el Partido Popular, aunque el núcleo duro insista en su honorable y escrupuloso comportamiento. También es ya un auténtico lunar negro entre los eurodiputados españoles con sede en Estrasburgo. Sin embargo, hay que ser conscientes de que este abulense no es más que un mandado de Ángel Acebes e Ignacio Astarloa, máximos responsables del Ministerio del Interior cuando se produjo el mayor atentado terrorista de la historia de España y de Europa. Y también los más incompetentes ministro del Interior y Secretario de Estado de los que han pasado por ese Ministerio en la época democrática. Esto queda perfectamente evidenciado a medida que pasan las jornadas y se celebra la vista oral ante la Audiencia Nacional. Sigo el juicio con sumo interés. Creo que es como una tesis política, sin duda esclarecedora para ver el paisaje zurcido desde las sombras. En esta vista oral, además de las mentiras de los conspiradores, están quedando muy claras otras cosas. En primer lugar, el excelente trabajo que aquel mismo día, y en días posteriores, realizó la policía para hacer frente a la escalofriante situación. El atentado lo cegaba todo y, sin embargo, la policía identificó y detuvo al comando islamista. Quiero recordar comportamientos heroicos de aquellos días, empezando por el «geo» Torrenteras, que murió en Leganés cumpliendo con su deber, siguiendo por el Tedax que desactivó la bomba y consiguió una pista definitiva para detener a los culpables. Han pasado una veintena larga de sesiones. Y está quedando manifiestamente clara la magnífica instrucción que, en un tiempo record, llevó a cabo el juez Juan del Olmo con la colaboración de la fiscal Olga Sánchez. Para completar ese gigantesco sumario el juez tuvo que trabajar un mínimo de 16 horas diarias. Y con riesgo de quedarse ciego. Al final le colocaron una pantalla en el ordenador cuyas letras casi superaban en cíceros a los titulares de un periódico. Mi admiración sin límites. Y por todo eso, ha sido mucho más doloroso que una parte minoritaria, pero estruendosa, de los medios informativos, se hayan dedicado durante dos años a desprestigiar el trabajo y el sacrificio de los policías, del juez y de la fiscal. Ya va siendo hora de que la mayoría de la profesión exprese lo que realmente siente. Yo lo manifiesto sin dobleces: un profundo respeto hacia esos policías, juez y fiscal que demuestran ser elemento s fundamentales para el Estado de Derecho.

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