CRÓNICAS BERCIANAS
Toboganes, encuestas y cloacas
LOS CANDIDATOS a la alcaldía de Ponferrada se deslizan embalados por la pendiente vertiginosa que conduce al 27-M, encerada exclusivamente -una vez más- por el urbanismo. Lo mismo que hace cuatro, cinco y seis años, desde que el anterior regidor decidiera dejar fuera del gran olimpo inmobiliario del contorno al becerro de oro. A partir de ese día, por mucho que se empeñe nuestra acaudalada federación de vecinos, ya es imposible distinguir el interés general del capricho divino a cuenta del interés público. Lo único cierto es que en los «subeybajas» del tobogán que lleva a las urnas, el último auto judicial a propósito de La Rosaleda coloca al alcalde, Carlos López Riesco, en un bache que sus contrincantes -y el dios que les inspira- intentarán en breve que se convierta en sepultura. Riesco puede que circule con ventaja en pos de la meta. No sólo porque sigue rentabilizando el tirón del cambio sideral que se ha obrado en Ponferrada en una década -que merece loas de sus acólitos y de los jueces que visitan la ciudad- sino también por demérito de muchos competidores. Pero con la mala prensa que tiene ahora el urbanismo, al candidato del PP más le valdría que no se le acumulen nuevos reveses togados y que la Junta dé luz verde de una vez al PGOU salvador, que a sus opositores les huele como azufre del mismísimo Averno porque saben que desarmaría gran parte de su monotáctica de carrera. Al que mejor le va tras la última etapa es al aspirante socialista. Lejos todavía de su principal antagonista, Saavedra marcha con cierta tranquilidad impulsado por el trabajo sucio de un pelotón gregario, que puede ser el gran sacrificado si al final Riesco logra sortear los ladrillazos en su hoja de ruta. Saavedra -lo muestran las consultas de fiabilidad muy relativa que ya empiezan pulular- no tiene un gran cartel ciudadano y tampoco ilusiona ni entre sus propios compañeros o supuestos simpatizantes. Pero su imagen pública no tiene pinta de que vaya a salir dañada ni un pelín de la contienda abanderada por los minoritarios contra Riesco. Y a veces quien resiste... Para IU, PB y MASS, la pérdida de la batalla, confiada casi toda al urbanismo, puede que depare una imagen insólita: un «harakiri» en el tobogán. Sólo los bercianistas parecen haberse dado cuenta de que quizás al ciudadano también le preocupen las alternativas de gobierno. IU cuenta con el capital de su número uno y nueva dos, pero Fernández acumula muchísimos deberes atrasados, aunque la demoscopia de andar por casa le sonría. Y el MASS-UPL, por debajo del PRB, no acaba, según la misma encuesta, de lograr el conocimiento del votante. A lo que tampoco contribuye, según muchos analistas, que López Placer sea tenienta en vez de capitana. Pero el tobogán esconde aún muchas crestas, depresiones, vueltas y revueltas. Se conocerán rápido, mucho antes que las cloacas descubiertas en el yacimiento de La Edrada -las primeras del Bierzo-. Tal vez los nombres de los poceros que trabajan en las cloacas de la política local también salgan pronto a la luz. Acaso tras el 27-M.