Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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ASOMBRADOS andamos esa inmensa minoría de teatreros por la cicatería con la que se ha acogido en esta comunidad el doble Premio Max -hasta que se demuestre lo contrario, el más prestigioso galardón de la escena nacional- que las artes escénicas regionales han recibido esta semana. Tan pobre sigue siendo esta tierra que ni siquiera somos capaces de recibir correctamente las pocas alegrías que nos corresponden en el reparto. En este caso la de la compañía segoviana de títeres de María Parrato, que ha obtenido el Max al Mejor Espectáculo Infantil, y la de Teatro Corsario, al final Premio Revelación por «La barraca de Colón», después de ser finalista el año pasado por el más contundente «Celama», siempre con dirección del leonés Fernando Urdiales, que tuvo la gracia (o la desgracia) de haber nacido en León y expresarse en buen castellano en lugar de hacerlo en Olot y usar la lengua de Ausias March, que por cierto era valenciano. No se habrán encontrado ustedes con grandes alardes tipográficos en las portadas de los principales medios anunciando la buena nueva; ni con entrevistas en profundidad con los responsables de las compañías; tampoco con reportajes resumiendo décadas de trabajo o reseñas de sus principales montajes. Por no aparecer, ni siquiera en la página web oficial de los propios premios Max consta el nombre del grupo revelación premiado. Esta es la triste realidad de las artes escénicas, que no son capaces de llamar la atención y encontrar su hueco ni siquiera en las circunstancias más favorables y en un momento en el que, pese a los problemas, puede presentar una excelente cuenta de resultados.

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