Diario de León
Publicado por
EDUARDO CHAMORRO
León

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LA REVOLUCIÓN francesa acaba de demostrar que no está para las medias tintas de una renovación que desplazara a izquierdas y derechas hasta los márgenes de un planteamiento centrista, y que prefiere los rituales de la polarización tradicional. Puede que la abstención hubiera sido una actitud favorable a un centro hipotéticamente deprimido por un voto masivo, pero sea como sea o como hubiera podido ser, el caso es que una asistencia a las urnas de casi el 85 por ciento es el testimonio de una salud y de un vigor envidiables. La salud es la de una república que la candidata socialista está dispuesta a que sea el preámbulo de la VI República, o eso al menos ha proclamado hasta ahora en que acaban de ponérsele las peras al cuarto. La V República fundada por De Gaulle y denostada por su fundador cuando acabó con él, ha demostrado que está tan viva y lozana como corresponde a quien se dispone a plantear y elegir los términos más adecuados para su prolongación. El vigor es el de una ciudadanía consciente de que lo peor que la podría ocurrir es no darse por enterada de lo muy crudas que tiene las cosas. Para Francia es muy probable que haya llegado el momento de dejar de ser lisonjera consigo misma. Se trata de un país que ahora mismo ignora hasta cuándo, cómo y por qué podrá seguir confiando en su prosperidad y su manera de entender la convivencia ciudadana. Francia se ha convertido en una ciudadanía del mundo sin dejar de ser más provinciana que el Beaujolais, y eso, que hasta ahora podía ser visto y sentido como un rasgo de seducción, parece haber dado en el principio de una crisis de identidad. Puestas la izquierda y la derecha frente a frente como ahora se encuentran, sin el fantasma del Frente Nacional cubriendo las esquinas, y con un 18 por ciento de votos centristas entre el 31 de Sarkozy y el 25 de Royal, Francia puede permitirse el lujo de llamar de una vez por su nombre a las cosas. Puede ser su último lujo o el primero en la serie de los que podrá permitirse en cuanto decida lo que quiere ser de mayor y la cera que está dispuesta a darse.

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