AQUÍ TE ESPERO
Para que no se rían
NOS SALEN caros. Apenas llegarán a dos docenas los aficionados a manchar las paredes con pintadas, firmas o dibujos, casi siempre repetitivos, para poder cuantificar su poder ante el resto de la tribu. Sin embargo, aunque son pocos, el gasto que ocasionan es cuantioso: un cuarto de millón de euros no es moco de pavo. Y eso es lo que se gasta el Ayuntamiento cada año en limpiar las fachadas. Claro que esa cantidad debe ser lo que gastó en el 2005, porque en el 2006 se le multiplicó tanto la tarea que sigue en ella, y lo que le queda. Nunca estuvo la ciudad tan sucia por efecto de la pintura y los sprays. Y en esto sí que no hay diferencia entre el centro y los barrios, o si la hay es favorable a estos últimos. Todavía el sábado fueron identificados dos jóvenes que llevaban sprays de pintura que acababan de utilizar. Claro que como las multas son pequeñas (entre 100 y 300 euros y esta última cuantía sólo para reincidentes) se dan el gustazo de salir a la caza y captura de paredes inmaculadas para ponerlas su sello personal. Así que a los ciudadanos esta tarea nos cuesta doblemente: por una parte los impuestos que se destinan a pagar ese cuarto de millón de euros a las dos brigadillas que se dedican a la limpieza de grafitis, con sus máquinas y material correspondiente y por otra, aquellos directísimamente afectados que tienen pintadas en su casa o su negocio, quieren quitarlas de inmediado para no dar mala imagen y compran productos para hacerlo. Eso, aparte de que si lo limpian enseguida la experiencia indica que pronto vuelven a pintarlo otra vez. Si muerden el anzuelo ¿por qué no se les coge? y si se les identifica ¿por que no se informa de sus nombres y en vez de multas pagan proporcionalmente al gasto que conlleva limpiar lo que ensuciaron? Para que no se rían cuando pintan.