Diario de León
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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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EN PONFERRADA, a la Feria del Libro del 23 de abril ha sucedido la del Libro Antiguo y de Ocasión, que celebramos estos días. Aquélla, al decir de algunos libreros, no ha tenido mucho éxito de ventas. Quizá porque, pese a las grandes cifras macroeconómicas de las que habla con entusiasmo el gobierno, la realidad familiar y personal va por otros derroteros y no hay mucho dinero para gastar. Quizá porque la coincidencia con la Semana de la Radio le ha quitado protagonismo a los libros. Ya se sabe que para el gran público éstos son menos atractivos que las grandes figuras mediáticas del espectáculo. Tantas efemérides al mismo tiempo no son lo más propicio para una feria del libro, pues la gente se dispersa, acude a los diversos actos que en los que participan las estrellas de la radio. Este año además había el morbo, luego diluido en un frío apretón de manos, del enfrentamiento entre Luis del Olmo y Jiménez Losantos. La Feria del Libro Antiguo parece que tiene más público, aunque tampoco es para echar las campanas al vuelo. Paseo por la feria y hojeo los libros con la curiosidad de poder encontrar alguno que atraiga mi interés. Más que una feria del Libro Antiguo se trata de una feria de libros de ocasión, es decir de restos de serie, de oportunidades que uno ya ha visto en otras ciudades y con otros precios. Aún así me interesan. He adquirido algunos ejemplares de historia, cuatro o cinco Crónicas de América y varias biografías de políticos españoles, todos a precios razonables; también algunos ensayos de Habermas, Dworkin y Agnes Héller; y una antología de Marx. Los libros de viejo son más escasos, quizá por que hoy la mayoría se venden y compran por internet. Por este medio puedes adquirir el que necesitas, pues hay una oferta muy amplia con precios muy variables de unas librerías a otras. Desde hace una década es un medio que utilizo con más frecuencia, con buenos resultados pese a que últimamente han subido excesivamente los gastos de envío, que están por las nubes. Internet pero también las ferias; me encanta pasear por ellaa, pues uno puede hojear los libros y a veces encontrar alguna sorpresa . He adquirido la Filosofía de la elocuencia, de A. Campmany, de 1826, un tratado de retórica en el que defiende, desde un acendrado patriotismo, un castellano purista; y dos textos de Bachillerato de los años sesenta, del plan del 1957, de 4º curso que yo estudié en los jesuitas. Libros sin apenas fotos, y las que hay en blanco y negro. Tienen, por el contrario, muchos dibujos. El de Historia está profusamente ilustrado con mapas a color, escenas históricas y retratos de personajes ilustres con más o menos verosimilitud. Los comparo con los libros de hoy, y las diferencias en cuanto a calidad formal son evidentes; pero para mi son entrañables pues han sido parte de mi formación como profesor e historiador ¡Me traen muchos y buenos recuerdos, por ejemplo de profesores como los padres Blasco y Capeans que impartían esas asignaturas! Las ferias, pese a sus limitaciones, son un buen escaparate para los que nos gusta hojear los libros antes de comprarlos. Se trata por tanto de una buena iniciativa, aunque los resultados para los libreros no sean todo lo halagüeños que a veces desean. Hay que dar las gracias a la Asociación de Libreros de Castilla y León por salir a la calle, y al ayuntamiento por organizar las ferias. En este sentido, ahora que deja la política y la responsabilidad de la concejalía de Cultura, felicito a Manuel Rodríguez por haber sido el principal impulsor de estas ferias. Estoy seguro de que su labor será recordada con cariño. También lo será por el apoyo prestado para que por sexto año consecutivo, el Instituto de Estudios Bercianos pueda sacar a la luz su Antología de Escritores Bercianos, un clásico ya en estas ferias, en esta ocasión dedicada a autores de teatro, como Mateo Garza, Romero Quiñones, Agostí, Adelino Pérez, Alberto de Paz y Ramón González-Alegre.

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