LA VELETA
¡Ah sí, leer!
NO SE dé por supuesto. En determinado centro «educativo», hace poco, un profesor preguntaba displicente a otro compañero asiduo a la lectura: «¿qué hay que leer ahora?». Casi en la misma escena, y asombrado de que se pudiera ganar algo leyendo, otro docente confesaba impávido que no había vuelto a leer ningún libro desde el término de sus estudios, ni le había hecho falta. Una profesora que oía, se atrevió así a confesar que, hasta entonces, se había dedicado a criar a sus hijos -en detrimento de su competencia docente, decía-, pero que había llegado el tiempo de dedicarse a su profesión, leer e, incluso, solicitar un año sabático para «culturizarse». ¿Pasaría algo si fuera sintomático? Y si lo fuera, ¿de qué valdría saberlo? Estimados profesores: si los papás leen y los profesores leen, es fácil que los niños también lean. Si todos leemos, podemos conocer más, razonar mejor y crear un clima abierto y tolerante. Si los niños leen, crecerán con mayor salud mental, porque podrán afrontar sin miedos los problemas que encontrarán en sus vidas; entenderán puntos de vista distintos del suyo; aumentarán sus competencias lingüísticas; se capacitarán para desarrollar sus cualidades más definitorias de seres humanos. Y no caerán en la estupidez de creerse el centro del mundo. En la perplejidad de su desarrollo, habrán aprendido a convivir con la duda, desconfiarán del simplismo, buscarán información, serán menos manipulables, más personas y más ciudadanos¿ Si ustedes no leen, ¿cuál es su profesionalidad? ¿Cómo pueden controlar siquiera un poquito de su área de competencia, si no han cuidado el hábito de enterarse por dónde va, qué tendencias o qué especialistas destaquen? ¿Cómo alardean de saber, si sólo queda en su bagaje algo de los viejos apuntes de cuando estudiaban? Si creen poseer toda la sabiduría, ¿estimularán a leer más allá del libro de texto? ¿Qué autoridad pueden tener ante sus actuales alumnos, tan distintos a lo que ustedes fueron? Ya la informática está cambiando los modos de acceso al conocimiento. También la forma de trabajar en clase. Si se quedan en que «estos chicos no saben nada¿» pero no les contagian el virus de la lectura ni les preocupa que sean ágiles para discriminar información o -de base- que sepan leer comprensivamente, es que en el tránsito profesoral de su vida no ha pasado prácticamente nada. Y es improbable que ahora mismo les «acontezca» realmente algo mientras lo lamentamos: se nos burla a todos su potencialidad para enseñar y comunicar saber. Esforzados profesores que peleáis por la «calidad»: aclarad a estos colegas si se puede adquirir conocimiento actualizado sin leer; si se puede transmitir afán de saber sin persuadir a leer. E, incluso, si puede ser «cívica» nuestra educación sin que las bibliotecas escolares sean su centro.