LA VELETA
Negar el pasado
LAS TESIS del revisionismo reaparecen de forma periódica para turbar la conciencia del pasado. Son historiadores que niegan la realidad del Holocausto o acaso la del Gulag en la Unión Soviética. Muy al contrario, la única posibilidad de no repetir los errores y horrores del pasado pasa por mantenerlos en la memoria, por conocer sus circunstancias y sus causas. Tampoco honra a la humanidad el abuso político de la retrospección histórica, como sucede ahora en la Europa central. Nunca será suficiente el conocimiento de los demonios de una Europa que ahora está viviendo uno de sus más largos trechos en paz. La figura de Hitler corresponde a una sombría fascinación, la del mal, la autodestrucción y la locura, mecidas por la música grandiosa de Wagner y consumada entre las cenizas del bunker, a pocas horas de la llegada de las tropas soviéticas. En nombre de una nueva Europa, Hitler estuvo a punto de destruir el viejo continente. Al poco del suicidio del Führer, Stalin dejaba caer el telón de acero. En Auschwitz, no lejos de Cracovia, Benedicto XVI iba a preguntarse: ¿Dónde estaba Dios cuando funcionaban los hornos crematorios? Es la más grave pregunta del ser humano en el siglo XX, la interrogación que todos nos hemos hecho entre los barracones de Auschwitz.Pero, ¿es que después de Auschwitz no se ha podido hacer poesía ni hablar de un Dios bueno? Toda conclusión es nihilista después de Auschwitz, la revelación definitiva del mal, una revelación que -por el contrario- exige ahondar hasta más allá de lo posible en el sentido de los valores, y en la necesidad de existencia del bien. La mecánica impecable de los hornos crematorios nos lleva a la plegaria y no a la relativización. Auschwitz es irrelativizable. Nada ahí es banal. Pero la pregunta nos persigue: ¿por qué?, ¿por qué? Nunca sabremos definitivamente cómo y donde comenzó tanto horror y tanta destrucción. Si el siglo XX se define como el siglo de la megamuerte es por haber ido a la caza de las utopías para llevarlas a la realidad. Desestimamos la experiencia histórica para entregarnos a los ídolos ideológicos. Llegaron Auschwitz y el Gulag, Pol Pot y Mao. Cada vez que hacemos referencia a un crisis en la actualidad europea no es malo tener presente que Europa estuvo a punto de desintegración total. Lo decía Nietszche: «¿Qué se sigue de esto?. Que uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. La proximidad de tanta mugre casi obliga a hacerlo. De la misma manera que no elegiríamos como amigos a unos judíos polacos, tampoco elegiríamos a unos 'primeros cristianos'. Ni siquiera es necesario presentar una objeción contra ellos. Ni los unos ni los otros huelen bien». Inapreciable Nietszche, imborrable Auschwitz.