Diario de León
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ALBINO PRADA
León

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AUNQUE nostálgicos y tertulianos -de uno u otro signo- nos haga a veces imaginar otra cosa, Madrid se está situando de manera imparable en una situación muy poco casposa y crispada. Ha dejado de ser apenas la sede del Estado (la Jefatura y el Gobierno) de la Nación, para pasar a jugar en la liga de las Ciudades-Región, las contadas Metrópolis del mundo global. Por eso en el día en que tres millones de sus ciudadanos eligen, como ciudad, a su Alcalde y cuando cinco millones y medio eligen, como Comunidad, a su Presidente creo oportuno reflexionar brevemente sobre esta metamorfosis. Sostendré que esa metamorfosis y el éxito que la acompaña tiene una de sus claves en haberse configurado, de facto, como la única gran área urbana metropolitana de España al haber solapado y coordinado la escala territorial de la ciudad con la escala de la región-provincia. Y digo de facto porque ese proceso, que comenzó en la posguerra con la anexión al municipio central de los circundantes ampliando su territorio en diez veces, se continuó en la democracia al identificar la Comunidad con la provincia, y suprimir la lógica de una Diputación para sustituirla por la de un Gobierno Autónomo ajustado al proyecto metropolitano -de región urbana- de la ciudad central. De forma que lo que ni Barcelona ni Bilbao han podido acometer por los recelos y temores que tal empresa provoca a sus Gobiernos Autónomos, Madrid sí ha podido. Y las diferencias están a la vista: primer área en recepción de inversión directa extranjera de España, líder en indicadores de la sociedad del conocimiento, primera región en balanza comercial positiva con el resto del país, en PIB per cápita, en tasa de inmigración... Madrid ha hecho de la necesidad virtud y en el brete de verse reducido a ser municipi o capital de un Estado cada vez más delgado -por descentralizado en diecisiete comunidades autónomas- aprovechó la ocasión para dar el salto convirtiéndose en una metrópolis global. No ha perdido sino ganado con el cambio. Sí: Madrid se sale. Y hay que felicitar a todos sus protagonistas por ello. Sin duda aquél factor institucional para mí clave (que dos millones y medio de ciudadanos de la provincia se arreglen sin Diputación) se ve acompañado de otros no menos singulares. Singular, como sostienen en Barcelona, es su exclusividad en España para Barajas como conexión transoceánica, aeropuerto que es la mayor empresa de Madrid. Singular es que la Caja de Ahorros de la Comunidad haya tenido el control de Endesa. También el crecimiento madrileño de lo inmobiliario, de la obra pública y de sus capitanes ahora también del kilowatio. Así es como yo veo a Madrid: cada vez menos Zarzuela y Moncloa, cada vez más Comunidad Metropolitana. Y como ya no ejercen de provincia española se arreglan sin Diputación. Desde provincias, ironías de la vida, la cosa da que pensar.

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