Diario de León
Publicado por
FAUSTINO GARCÍA SÁENZ DE MIERA
León

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EL SÁBADO día 26 de mayo, los leoneses de siempre, nacidos o no en la provincia, tuvimos un día especialmente emotivo en lo deportivo, justo en vísperas de la convocatoria electoral autonómica y local. Curiosas escenas nos dejan los deportes, más curiosas aún cuando uno ejerce la memoria y la autocrítica. La memoria: Es indiscutible el seguimiento que don José María Rodríguez de Francisco ha tenido (ha hecho) siempre de todos los clubs deportivos leoneses, masculinos o femeninos, con pelota grande o pequeña. Es de bien nacidos ser agradecidos y los respectivos fieles aficionados habrán de reconocer tal circunstancia. Ha ayudado en la medida de lo posible a todo aquel club deportivo cuya directiva dejara entrever un mínimo de seriedad. Ha jugado y jugaba con dineros ajenos y no le costaba trabajo. No es menos cierto que otros, jugando con los mismos dineros, no hacían nada. Pero no hay que olvidar que hace unos cuantos años, cuando don Gustavo Aranzana (el don ganado a pulso, no por lo deportivo, más bien por su seriedad y buen y bien hacer en el ámbito personal) ese apasionado leonés, en uno de sus múltiples errores que dignifican a la persona y condenan al político, le tildó de traidor por marchar a Valladolid, su tierra nativa a fin de cuentas, y a donde todo buen nacido quiere volver. En aquel entonces me sentaron muy mal las palabras de don José María. Gustavo, perdón, don Gustavo, se marchaba pero los verdaderos motivos nunca los expresó. Uno de sus peores momentos deportivos lo vivió cuando estaba al frente de un equipo que al ganar, condenaba al descenso al club de sus amores, no por su culpa, más bien seamos realistas, por culpa de la economía que no podía mantener el club en la élite. El propio don Gustavo volvió, obligado moralmente sin estar obligado a nada, a dar lo que había quitado sin haberlo quitado pues nada nos quitó, en realidad se había perdido en esta capital, lo habíamos perdido en León entre todos, y de la que ninguna culpa tuvo tan gran persona. Ahora don Gustavo consiguió lo que todos sabíamos que se iba a conseguir cuando retornó cual hijo pródigo, no sólo por sus propios méritos, también por el dinero que quizás injustamente puso el Ayuntamiento gracias al señor De Francisco, y por el escaso dinero que han puesto entidades privadas, y sobre todo, por el buen hacer de unos presidentes y empleados que sucesivamente han ido cimentado el monumento del que el próximo año disfrutaremos. Pero pido seriedad. Ni don Gustavo era antes un traidor, ni debiera ser ahora hijo adoptivo de León. La autocrítica: don Manuel Cadenas (el don ganado a pulso, no por lo deportivo, más bien por su seriedad y buen y bien hacer en el ámbito personal) se marcha. Ha cumplido un ciclo que vence por lógica caducidad. Se va donde debe ir. Al club más fuerte y grande del antiguo reino de España. Es lo menos que merece. O el Barcelona o la selección. Menos no. Todos hemos demostrado el agradecimiento a don Manuel. Su trabajo ha sido casi perfecto y así lo hemos expresado. Pero me pregunto: Si el Ademar hubiera tenido un año que hubiera peleado en los puestos más bajos, por la permanencia, ¿hubiéramos sido igual de condescendientes? Si miramos al fútbol local, donde es evidente que en los últimos lustros los directivos han sido auténticos malos aprendices comparándolos con los otros dos clubs peloteros leoneses, ¿hubiéramos sido tan pacientes con don Manuel? Su trabajo ha sido el mismo que pudo ser el del señor Tomé: excelente. La diferencia estuvo en las directivas, puesto que las ayudas públicas y privadas eran incluso mayores para los peloteros futbolísticos. ¿Es peor el señor Tomé, leonés de nacimiento, que el señor Aranzana o el señor Cadenas? No. Simplemente le tocó estar en el bando de directivos menos acertados o menos egoístas, pero el tiempo y los resultados han demostrado que no es peor su trabajo, no es menor el conocimiento de su respectivo «hábitat». Por ello, en momentos de grandeza, en momentos de euforia, unos por lograr una clasificación envidiable, otros por el ascenso y otros por lograr la permanencia (triste premio para lo que se esperaba), quiero que todo el mundo haga una reflexión, y cuando el año que viene, en el Ademar, quizás por la ausencia de Cadenas, quizás por la ausencia de ayuda privada suficiente, si vienen mal dadas, nadie critique a sus directivos, que les dieron una varita e hicieron milagros; en el Baloncesto León, por los mismos y antiguos motivos económicos, si vienen mal dadas, que todo el mundo se abstenga de quemar en la hoguera a don Gustavo, hoy héroe. Y si los balompédicos sólo son capaces de mantenerse, que todo el mundo piense que estamos en la transición necesaria y dando el primer paso para lograr un equipo equilibrado que dentro de pocos años, nos represente con la dignidad que todo buen nacido merece. A cambio pido a los directivos futbolísticos leoneses que no envidien la afición del balonmano o baloncesto. Ellos pueden tener la misma afición. Pero hay que dar algo a cambio y los directivos futboleros, ciegos de soberbia, no han sabido aún dar nada. Pero aprenderán, seguro. En tiempos de bonanza deportiva, reclamo la humildad y memoria que nos harán falta cuando vengan mal dadas, que vendrán.

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