Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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EL PATRIOTISMO, Samuel Jonson dixit, es el último reducto de los bribones, particular avifauna de la que andamos sobrados por estos lares. Una de las principales insignias de cada país es ese himno que varía según gustos y confesiones, pero girando siempre en torno al chunda-chunda que glosa rancias victorias militares, habla de heroísmo y libertad e incluso hace votos por la felicidad de la tribu propia, aunque sea a costa de la desgracia y el sojuzgamiento ajenos. Dicho esto, y después de secarnos las lágrimas de emoción, es de justicia confesar que ver cantar La Marsellesa a los jugadores del equipo de fútbol galo, con la mano señalando a la víscera más noble del cuerpo humano, hace que se le encojan a uno hasta las ingles. Viene todo ello a cuento de la campaña iniciada por la Sociedad General de Autores, cuyo objetivo es dotar con una letra apropiada al himno de España. Nuestra Marcha Real, como bien han recordado algunos, ya tuvo antaño una suerte de letrilla patriótica que más bien tiraba hacia lo facha, escrita por el poeta José María Pemán a modo de loa que glosaba los logros conseguidos por el régimen del general Franco. Los críos de nuestra generación aprendimos en la escuela aquello de «¡Triunfa, España! Los yunques y las ruedas/cantan al compás/ del himno de la fe». Y también recordamos haber visto a Luis Aragonés, nuestro excelso seleccionador, cantar a voz en grito la coplilla de Pemán en un encuentro internacional, esbozando tal gesto de emoción y entrega hacia lo patrio, que hacía aparecer espabilados hasta a los Neandertales. Se trata, en cualquier caso, de pergeñar un argumento literario que provoque entre el personal una montaña rusa de emociones, sin atentar contra Dios, España y Cervantes.

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