AQUÍ TE ESPERO
Magnífico compañero
ME ACABAN de dar la noticia, y no por esperada ha sido menos dolorosa. Te has ido, Jero, sin despedirte pero me niego a dejarte ir sin decirte adiós. No quisiste que te viéramos en los malos momentos, tal vez para que sólo te recordemos en los buenos. Y de esos me acuerdo. De un chaval gordito y sonriente, con unos ojos muy vivarachos detrás de las gafas, que entró un día en la redacción de Pablo Flórez porque era el nuevo maquetista, pero pronto fue uno más de aquel grupo que decíamos era como una familia. Y en efecto, lo era, porque pasábamos muy bien juntos muchísimas más de las ocho horas laborables. Me tocó adiestrarte con los cíceros, pero tu mente abierta y tu agilidad hicieron el resto y pronto la maquetación no tuvo secretos para ti. Luego, con los nuevos tiempos y los cambios, te reconvertiste en el jefe comercial que siempre habías sido en potencia, pues no en vano en tus comienzos simultaneabas las maquetas con las ventas en Fincas Santos. Eras una especie de conseguidor, de esas pocas personas que siempre están dispuestas a resolver las dificultades de los demás y a no crear ninguna. Y lo más difícil: siempre con una sonrisa en la cara y un comentario alegre. Sabías estar cerca de todos, sin importarte el tiempo que te ocupáramos. Tu reloj del compañerismo y de la amistad nunca se detenía. Por eso Marisa no está sola, sabe que tus compañeros de siempre estamos ahí si nos necesita, como tú lo estabas cuando los demás te necesitábamos. Descansa ahora, Jero, porque tu laboriosísima vida no te dio apenas descanso. Ha sido fácil trabajar contigo, por eso quiero agradecerte el haber estado tantos años ahí, como el magnífico compañero que nunca olvidaré.