Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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EL REGRESO de Rodrigo Rato, después de su navegación por Washington, ha despertado muchas de esas expectativas que nunca duermen. Preocupa por igual, si bien por cosas muy desiguales, al señor Zapatero y al señor Rajoy, entre otras cosas porque el tercer hombre ha sufrido menos desgaste que los otros dos. «Voy a alejarme para hacerme amar», se cuenta que decía el emperador Tiberio antes de tomarse unas vacaciones. Ausentarse de vez en cuando hace crecer el prestigio, ya que al que se va se le echa de menos, mientras a los que se quedan se les echa de más. El retorno de Rato inquieta tanto al presidente del Gobierno como al líder de la oposición. El primero ha hecho muchas cosas raras, creyendo que las tonterías se corrigen con sonrisas, y el segundo ha confundido la estrategia con la matraca y además se ha rodeado de gente cuya presencia evitaríamos en la calle, obligándonos a cambiar de acera. El hasta ahora director del FMI ha transformado esas siglas en «Feliz mi Iniciativa» de quitarme de en medio durante una temporada. Alega motivos personales, ¿pero qué motivos no lo son?, ¿acaso dejan de ser personales los de alguien que aspira a convertirse en la primera personalidad de la nación? Nadie conoce hasta el fondo a nadie y menos al director del Fondo, que es un hombre cauto, lo que en política es sinónimo de inteligente. Lo que no podemos creernos es que no quiera volver a la vida pública, ya que nunca la ha dejado. Eso de las

huele a camelo. Si sus hijos todavía no están educados es tarde para iniciar esa tarea. Nos falta saber si Rato vuelve como aspirante a ganador o como seguro colocado, pero nos conforta que todo esto salga más barato que la destitución de Capello.
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