TRIBUNA
Frente a promesas electorales, responsabilidad transparente
PASADA LA RESACA de la última cita electoral, comicios municipales y autonómicos, y verificados los resultados, nada anormal se ha registrado en cuanto a composiciones institucionales se refiere -los cambios de signo político son la esencia de estos eventos- si tenemos en cuenta el aire que se respiraba en el ambiente preelectoral. La conformidad y la paciencia son la nota más sobresaliente para los que se han quedado a «la luna de Valencia»; no tanto para los que esperaban que la suerte les fuera propicia a sus aventuradas aspiraciones, asumiendo a regañadientes los errores de una campaña mal planificada. Una vez constatados los resultados definitivos y aceptados por las partes, sólo queda que cada cual peche con su responsabilidad, respetando la suerte de los otros elegidos (en ese tipo de consultas se personaliza a los miembros más que a los grupos que les aglutinan). Si los ciudadanos han dictado sentencia, no habiéndose alcanzado mayorías absolutas, lo razonable y democrático es que las listas más participadas, por ética, se impongan a esa sarcástica moralina de contubernios, que subyace en el ámbito de intereses espurios, «cocinados y aderezados» con ansias de poder. Deshojada la margarita de la suerte, ésta se inclinó por la proposición de Francisco Fernández, en lugar de la conclusión de Mario Amilivia. Las tesis presentadas por ambos, cargadas de enjundias más partidarias que partidistas, les condenan a tener que mirarse a los ojos, sin rencor, durante el período consistorial, en normal reciprocidad, que no bajará de cuatro años preceptivos, si no sufre alteración de signo político o administrativo alguno. Si en el párrafo anterior mencionamos la proposición del socialista se debe a reiniciación de un proyecto que ha venido ofreciendo a lo largo del pasado período consistorial; que aunque probó accidentalmente, no se llegó a la percepción de esa valoración objetiva que se da en el tiempo y la distancia, debido al estúpido comportamiento de coalición postelectoral injusta, al ser desposeído de la alcaldía por una maquinación poco edificante, pero que en el fondo hacía justicia a la imprudente iniciativa mal calculada. En cuanto al popular, después de tres etapas consecutivas, aspiraba a una cuarta con el fin de concluir una era en positivo, -no aceptamos la campaña anti-Amilivia, su gestión ha sido más que aceptable en atención al municipio- no ha sido suficiente para convencer a propios y a extraños; quizás más por ese desgaste psicopatológico que en política no perdona, o debido a esos visos de prepotencia, que no admiten errores y excluyen la autocrítica, instalándose en esa vehemente arrogancia que ciega el sentido de la responsabilidad. No obstante cuando afirmamos que la gestión municipal ha ido muy aceptable, nos basamos en hechos reales e invitamos a los críticos más exigentes a que lo comprueben in situ, visitando las obras acabadas y los proyectos en ejecución, además del manual de ejercicio que presentó en la campaña, con el fin de que los criterios que se formen se hagan en justas interpretaciones. Es posible que el reparto no haya sido tratado con la debida equidad, cuestión que no sería difícil de subsanar en posteriores ejercicios. Por tanto a Dios lo que es de Dios y al César¿ En cuanto a la tarea que Paco Fernández tiene por delante, debe asumirla con el rigor que la expuso en la campaña electoral, y más teniendo en cuenta el soporte gubernamental que ha de acompañarle en el incipiente capítulo consistorial, y hacer bueno eso de que a promesas electorales: responsabilidad transparente. A tal efecto queremos recordarle que su amigo José Luis aseveró con la energía que le caracteriza, que todos los proyectos y algunos más iban a ser una realidad. Esperamos que no se trate de un camelo de «noches de verano» como las que se venden en «borracheras mitineras» y se queden en falacias demagógicas que en política nos tienen acostumbrados/as. Aquí y ahora no hay disculpas. Su buen amigo Felipe González le marcó el camino. Esa generosidad que siempre tuvo con su tierra, le sigue reportando merecidos agradecimientos en la memoria de sus paisanos/as. Esperamos le sirva de ejemplo y «acerque el ascua a su sardina». Los leoneses/as sabremos dar cumplida respuesta a la escenificación de realidades positivas. Considerando al Ayuntamiento de León como exponente e institución más relevante, cuya gestión salpica a las demás, aún de signo distinto, o de administración superior, no excluimos la atención a las mismas, nos limitamos a observar el movimiento postelectoral, dada la clarificación de los resultados. Únicamente la Diputación, que padece una «gripe familiar» que debe curarse con una buena dosis de sentido común, y un mucho de tolerancia afectiva. No olvidando que el poder envilece a quienes lo ansían con descaro. En cuanto a la Comunidad más de lo mismo. No nos entusiasma seguir dependiendo de una política de fraude permanente a la entidad leonesa como la que venimos padeciendo. Un reparto de Organismos Autonómicos haría justicia a la dualidad «virtual» de Castilla y León. El «aviso a navegantes» lo hemos reservado para la UPL. Es una pena que los resultados no hayan sido más generosos con esta formación. Aunque es rigurosamente cierto que los merecimientos no han dado para más. Las luchas intestinas habidas han pasado factura a un proyecto que se suponía imparable hasta la escisión. ¿Qué es el PAL más que un remedo copiado de la UPL? Esgrime los mismos argumentos, lucha por la misma causa. ¿Por qué ha llegado a esta situación? ¿Se han preguntado cuál hubiera sido el resultado si no hubieran fraccionado el voto leonesista? De todas maneras esperamos sepan administrar bien la poca renta de que disponen. A esta formación le compete la tarea de vigilar las actuaciones de la Junta y del Gobierno, para evitar que la «una por el otro la casa sin barrer». Machacar en las reivindicaciones es la idea fundamental de su presencia en las Instituciones sin olvidarse de que León les vigila, esperando invoquen la esencia del patriotismo.