LA VELETA
ETA, fuera de agenda
TERMINA el gran debate parlamentario, en el que hay vencedores y vencidos, con una proposición del PP para que se anule el acuerdo legislativo del 2005 que contemplaba una solución dialogada de la violencia etarra en determinadas circunstancias. No parece que ETA vaya a instalarse en otra circunstancia que no sea la habitual en ella -matar, aterrar, extorsionar-, por lo que esta legislatura se cierra sin cercanas perspectivas de paz, si llamamos paz, aunque sea indebidamente, a la disolución de la banda. Uno de los detenidos el lunes cerca de la frontera franconavarra se llama José Antonio Aranibar, y al parecer dirige o forma parte de un grupo especializado en la planificación de atentados al por mayor, como el de la T4. Los dirigentes etarras pensarían que, sin muertes, el Estado español y su sociedad no se preocuparían demasiado de la continuidad del terrorismo de destrucción material, por lo que parecen dispuesto a seguir matando, asesinando, a la espera de que sus adversarios se reblandezcan, lo que no ha sucedido en los últimos cuarenta años, a contar desde que los primeros neocarlistas asesinos empezaron a cobrarse víctimas humanas. Todos los grupos del Congreso piensan desde anteayer que el futuro electoral ha comenzado y que el debate que hoy se cierra marca el inicio casi oficial de la campaña. Hay como en otras ocasiones vencedores y vencidos, o un líder decaído y otro revitalizado, pero esa impresión es fugaz, por la velocidad punta que alcanza la política camino de las urnas. El hecho de que Zapatero pueda haber ganado el duelo con Rajoy no le garantiza una victoria electoral, ni las dificultades que Rajoy no ha superado para poner a Zapatero contra las cuerdas le vaticina una derrota. Pero el PSOE, gracias a este debate, sale un poco por delante del PP, lo que va a reactivar todas las reservas populares para que, al menos, la carrera electoral necesite en la meta una foto finish para aclarar el partido vencedor. Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, es una de esas reservas, y ayer volvió a asomarse a los medios para elogiar a Rato de tal forma que se vio precisado a añadir que esos elogios no debieran interpretarse como críticas a Rajoy, en cuya lista desea verse incluido, dados los votos que los madrileños le han dedicado. Pero en la proximidad de Rato, Ruiz Gallardón se siente más seguro, como otros dirigentes que se verían más bien en cuarentena por la decisiva influencia de Faes-Aznar sobre el partido. Con Rato llega la derecha centrista e inteligente, dispuesta no a sustituir a Rajoy sino a prestarle todo su apoyo hasta el día siguiente a las elecciones generales. Pero Rajoy no debería seguir trayendo a ETA a colación parlamentaria como arma arrojadiza contra el Gobierno, porque la banda sigue ahí, dispuesta a salir a colación por su cuenta, y contra todos nosotros. 1397124194