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FEDERICO ABASCAL
León

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SE HAN estrenado los nuevos ministros-as, tres de nuevo cuño y una desplazada, y con ellos se estrenaba la tercera dimensión política del Gobierno Zapatero, la social, tras haberse consumido los tres primeros años de la legislatura en el proyecto voluntarista del fin de la violencia etarra y en una serie de reformas estatutarias, dos asuntos sobre los que llovieron cerradas críticas de la oposición «popular» y de sus medios afines. Y como en el reciente debate sobre el estado de la Nación presintió Zapatero que al tema del terrorismo como arma de ataque contra el Gobierno le había llegado su fecha de caducidad, consideró llegado el momento de sacar las iniciativas que se habían visto silenciadas hasta ahora por el cacareo de la vida pública, favoreciendo en amplios sectores de la juventud un lógico desencanto. Sería injusto decir que la anterior ministra de la Vivienda, María Antonio Trujillo, tan menospreciada en las valoraciones ciudadanas, no se había esforzado en orientar la política de su departamento hacia medidas que fuesen solucionando el problema, y por ello se encuentra ahora su sucesora, Carme Chacón, con una flamante Ley del Suelo, recién entrada en vigor, según la que, y en contra de la anterior de 1998, todo el suelo no es urbanizable. Para que no fuera urbanizable/edificable, antes debía estar la edificación prohibida. La nueva ley reserva un 30% del suelo a vivienda protegida y establece una tasación del suelo al margen del apetito voraz de los constructores y munícipes más desaprensivos. Carme Chacón es joven, catalana y se expresa en un lenguaje al que imprime ciertas vibraciones persuasivas. Pero una ley no resuelve las cosas, sobre todo cuando enfrente, y al margen de las constructoras de escrupulosa conducta, rige el ansia de enriquecimiento rápido y progresivo, la rapiña en algunas arcas de administración local y un vacío moral a precio variable. También se encuentra Chacón una herencia del anterior ministro de Administraciones Públicas con el proyecto de redacción muy avanzada de una Ley de Bases de Régimen Local, por la cual los ayuntamientos no van a verse supeditados exclusivamente a su propia financiación sino que recibirán una parte de los ingresos de las Comunidades Autónomas. Son ya dos leyes de calado y gracias a las cuales el frenesí de las construcciones enloquecidas, sea en la costa mediterránea o en la estepa manchega, podrá irse frenando. En la toma de posesión de su despacho por Carme Chacón se reunió una pequeña multitud de variada procedencia, desde la vicepresidenta del gobierno al presidente del Congreso, desde empresas tan relacionadas con la construcción como Sacyr Vallehermoso a otras de prestancia diferente, como Repsol o Telefónica, sin que faltase muy alta representación del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, piezas fundamentales en la solución del problema de la vivienda, por sus competencias y su poder de decisión sobre el suelo. La nueva ministra enunció su programa en la frase de que «el precio de la vivienda no trunque un solo proyecto personal de vida, una pareja que desee unirse o una criatura que deba nacer, un cambio de ciudad, una ocasión de superarse». Y apostilló: «Para ello les necesito a todos, y todos sepan que cuentan conmigo».

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