Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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EL JUEVES es una revista humorística dirigida a un público fiel muy concreto. De hecho, la inmensa mayoría de quienes nos vimos sorprendidos por el incidente judicial que acaba de protagonizar dicha publicación apenas la conocíamos de verla en los quioscos, pero ni la habíamos ojeado nunca ni mucho menos conocíamos que, como la propia publicación alegó al saberse incriminada por un juez, sus críticas a la institución monárquica son tan persistentes que se publicó recientemente con ellas un grueso volumen antológico de 350 páginas... En definitiva, la chabacana viñeta que ha provocado el secuestro de la publicación, de pésimo gusto y sin ninguna gracia, no ha sido un episodio súbito y aislado sino una deposición más de una revista que vive de su iconoclastia. En consecuencia, la denuncia del fiscal general del Estado tiene inevitablemente un punto de arbitrariedad: ¿por qué se toman medidas ahora y no antes? ¿No es irracional dar alas a una dilatadísima impunidad y, súbitamente, instar acciones judiciales en un caso concreto? Es bien cierto que la zafiedad del hecho denunciado resulta llamativa, pero no lo es menos que en democracia la sátira es inofensiva siempre que no haya dudas de que existe «animus jocandi», algo difícilmente discutible cuando el soporte es una revista de humor. La denuncia ha otorgado a la viñeta una desaforada notoriedad, de forma que en vez de pasar prácticamente inadvertida, ha sido reproducida con fruición en todo el mundo. El incidente sigue su curso en vía judicial, de forma que lo que importa ahora es su trasfondo político. Porque de nuevo se ha reavivado el viejo asunto, que parecía enterrado, de la continuidad de la Institución Monárquica. Como es sabido el Rey Juan Carlos ha manifestado, a veces, discretamente y a personas de su entorno cercano, su temor a que, puesto que se afirma que la sociedad española es mucho más «juancarlista» que monárquica, el heredero de la Corona tenga dificultades para encontrar apoyos cuando, cumplidas las previsiones sucesorias, haya de encaramarse a la jefatura del Estado. Es conocido que los reducidos movimientos republicanos de este país, que no se atreven a encararse con el Rey, han hecho con frecuencia campaña -mediante la exhibición de banderas tricolores sobre todo- contra el Heredero en comparecencias públicas, y que los argumentos que utilizan serían precisamente los que también exhibe la viñeta en cuestión: que supuestamente el Príncipe de Asturias no se ganaría el pan con su trabajo. Es hasta cierto punto natural que el Monarca albergue ese temor; sin embargo, la sociedad española ha dado pruebas reiteradas y sobradas de madurez como para que no pueda pensarse con fundamento que es capaz de improvisar frívolamente sus reacciones en un asunto de tanta gravedad como es la definición de la forma de Estado. No cabe duda de que en España los titulares de la institución tienen y tendrán que ganarse el salario, de forma que algún error abultado podría suponer el final del régimen. Pero, con esa salvedad genérica, no hay en absoluto razones para dudar de la profesionalidad y dedicación del Heredero, que se ha preparado concienzudamente para la función que le aguarda y ha dado muestras de poseer un sentido de su obligación ejemplar.

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