TRIBUNA
La resistencia a la ley injusta
LAS RECIENTES advertencias del Ministro de Justicia, Don Mariano Fernández Bermejo, a la Junta de Castilla y León en relación con las consecuencias negativas de no aplicar en nuestra Comunidad la asignatura de adoctrinamiento ciudadano, son un fiel reflejo de la ideología de este señor que jamás se ha distinguido por su defensa de la libertad y que no en vano presume de ser marxista, uno de los idearios más terribles y que más muertos han provocado en el mundo desde que nefastamente fue enunciada por el hipócrita Carlos Marx. No es extraño, pues en las bases de las izquierdas están, entre otros, Lenin y Stalin, mientras que en las de la derecha está el liberalismo de los constitucionalistas de Cádiz o, más recientemente, Jean Francois Revel, resistente a los intelectuales cómplices de la opresión como Jean Paul Sartre y su compañera Beauvoir. Tiene todo el derecho del mundo la Junta de Castilla y León a proteger a sus ciudadanos de uno de los más graves ataques a la libertad individual que se han producido en una democracia moderna, cual es la imposición de la llamada «Educación para la ciudadanía». Esta abominación totalitaria, parida de los vientres de la Universidad Carlos III de Getafe, -verdadero nido de ideas socialistas pagadas con fondos públicos-, no es más que adoctrinamiento sectario, preñado de ideología dictatorial, martirio de la libertad, precisamente por aquéllos a los que supuestamente pagamos para que la defiendan. La cuestión es si es lícito resistirse a la Ley injusta. Montesquieu señala que «No existe una tiranía más cruel que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con el color de la justicia» y por su parte San Agustín resalta que «Si se abandona la justicia, ¿a qué se reducen los reinos, sino a grandes latrocinios?». Son dos citas de otras tantas que se podrían traer a colación, pues ha sido una constante en la mentalidad de occidente que la libertad del individuo y sobre todo la Justicia están por encima de la Ley promulgada por el Gobierno de turno. El famoso jurista Kelsen era de los que preconizaba la preponderancia de la ley, constituía lo que se denomina un iuspositivista. Él mismo fue víctima de los nazis, para los que también la ley estaba por encima de la Justicia. Su error contribuyó al éxito de uno de los mayores crímenes contra la humanidad realizado siempre, eso sí, bajo la «legalidad» del III Reich. La Educación para la ciudadanía pasará como pasará este Gobierno porque ataca de raíz la libertad individual de los padres, de las familias. Ataca el consenso que nos dimos todos los españoles para respetarnos. La Junta de Castilla y León, como la Comunidad de Madrid que también resiste, ha recibido un mandato de sus ciudadanos para no dejarse amedrentar por Gobiernos que, al fin y al cabo están donde están, por razones coyunturales y espúreas y que serán desalojados de sus poltronas a poco que aumente el nivel cultural de los españoles. Por ahí van los tiros del Gobierno: la consigna es adoctrinar a los españolitos con el fin de tener obedientes esclavos que depositen el voto en el momento que se les agiten mensajes simplistas desde los púlpitos de la televisión, radio, prensa y otros medios copados ya por los enemigos de la libertad. Muchos no vamos a dejar que nuestros hijos sean adoctrinados de la misma forma que no dejaríamos que los mordiera un perro rabioso en plena calle, precisamente porque son nuestros hijos. Todos aquéllos que piensan que en un colegio, en un instituto se puede dejar a aquéllos que más quieres para que una persona les lave el cerebro están perdidos, han renunciado a la primera tarea que no sólo como padres sino como hombres tienen, que es educar a sus hijos en libertad. Como bien señala la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que abre la famosa constitución republicana francesa de 1793 en su artículo 34: Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido. No se debe renunciar a la libertad ni a la responsabilidad de inculcarla en nuestros hijos, en todo aquél que nos escuche. Ya lo dijo el bueno de Alonso Quijano: «Por la libertad Sancho se puede y se debe perder la vida», pues la libertad y su defensa es lo que nos distingue a los occidentales de los demás pueblos de la tierra.