CRÓNICAS BERCIANAS
La sorpresa del canoso
QUEMÉ LAS vacaciones en julio, regreso oxigenado al trabajo en este agosto tórrido, y aunque uno ya empieza a peinar alguna cana que otra, no deja de sorprenderse. Y ello porque en este Bierzo irredento y peculiar hay políticos que rechazan cargos de relevancia. Eso cotiza a la baja y algunos pagarían por estar ahí. Pero, el alcalde de Páramo del Sil, primero, y el de Folgoso de la Ribera, después, le dijeron «no» al PP para no ser presidentes de Armi; esa asociación de municipios mineros que maneja el cotarro del reparto de los sustanciosos y codiciados fondos del Plan del Carbón. Ángel Calvo y Manuel Otero no son dos políticos mediocres. Son emprendedores, muy trabajadores y gente llana de buen corazón que conecta a la perfección con los que le votan, con eso que eufemísticamente se denomina «la ciudadanía». Son de esos que al pan le llaman pan y al vino, pues eso. Y mira por donde, la gente con valía renuncia a cargos y otros se enrocan como culebras a la rama del manzano del que comió Eva y el resto de su pareja de hecho. Ni un huracán los conmueve. En las vacaciones que ya disfruté, como es lógico, intenté desconectar y centrarme en otras cosas que no puedo hacer durante el resto del año. Y ahora, cuando llego al Bierzo, me topo con que la actualidad sólo gira entorno a sueldos descomunales para políticos y el reparto de los últimos flecos de poder tras las elecciones municipales. Me sorprendió y no comparto el movimiento de ficha del alcalde de Ponferrada concediéndole un sueldo de 48.000 euros anuales a quien lo acribilló con la palabra y lo comparó, y casi situó, como el jefe de la mafia marbellí del ladrillo. Me refiero, claro está, a Ricardo González Saavedra, al ahora jefe de la oposición municipal del grupo socialista. No digo del PSOE, porque estoy seguro que se enfada más de uno del partido. ¡Que se lo digan a Pedro Nieto! Recuerdo antes de irme de vacaciones que estuve en el despacho de Saavedra en sus últimos días como presidente del Consejo Comarcal y me garantizó, y está publicado en este periódico, que pasara lo que pasara, él dejaba la secretaría del PSOE de Ponferrada. Pero, mira por donde, regreso a Ponferrada, y ya no me sorprendo al enterarme de que Saavedra convoca a los afiliados a una asamblea, sólo acuden los que aún le quedan como fieles, y decide seguir en el cargo escudándose en lo dicho por esa asamblea. Razón no le falta a Saavedra. Está legitimado, pero en esa asamblea también podría haber legitimado a alguno de los suyos como el responsable de la muerte de Manolete. Riesco ha hecho la jugada maestra. Ha desarb olado al PSOE, y ahora vamos a ver si Saavedra es capaz de trabajar tanto en la oposición como para merecerse esos 48.000 euros que yo, y seguro que un buen puñado de gente que vive en el municipio que le paga, no somos capaces de llevar a casa. ¡Y mira que lo intentamos!. Ese trabajo no consiste en ser ácido con la palabra. Además del control al equipo de gobierno hay que presentar alternativas y soluciones a los problemas. Saavedra tiene que sudar la camiseta. Lo de su sueldo no es entendido ni en las filas del PP. Hay quien, -eso sí, con la boca pequeña-, dice que al enemigo ni agua. «Pasmao» me quedo.