EL RINCÓN
Unas décimas
CUANDO los doctores en la voluble ciencia que llamamos Economía nos dicen que la española se ha «desacelerado», hay que echarse a temblar. Nos entra un frío, aunque estemos en el agosto «augusto y lento» sólo comparable al que experimentan los rusos que están dedicados a la conquista del Polo Norte. ¿Cómo es posible llamar desaceleración al retroceso? Ya sabemos, por Tayllerand, que Dios nos ha dado el divino don de la palabra para poder ocultar nuestros pensamientos y que los políticos, sean del signo que sean, incluidos los que son del signo del zorro, son maestros en eludir el nombre cotidiano de las cosas. No engañan a nadie. La dolorosa circunstancia de que el sector de la construcción empiece a perder empleo ha hecho que el paro suba en 4.669 personas. Aunque haya más seguridad en los andamios, ya que se sube a ellos menos gente, hay menos afiliados a la Seguridad Social y esto es muy grave para todos. Comisiones Obreras ha alertado sobre el aumento de personas obligadas a estarse quietas y empezamos a sospechar que lo más necesario en España son las grúas. Si no se construye, se hunden nuestros castillos de naipes y sólo nos quedan los que hacen los niños con arena en las playas. Se deduce que el hombre más importante para el buen funcionamiento de la economía española es El Pocero. Si en cada provincia hubiera un par de ellos se reducirían las listas de parados en la misma medida que aumentaría la venta de palustres. Muchas de cal y muchas de arena: eso es lo que nos hace falta para que no se registren dos décimas menos del crecimiento interanual del Producto Interior Bruto. Se confirma que llamamos recesión a que nuestros amigos pierdan el empleo y depresión a perderlo nosotros.