Diario de León

LA VELETA

La hermosa catedral del fin del mundo

Publicado por
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
León

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A PRINCIPIOS de los noventa tuve la fortuna de contemplar el Pórtico de la Gloria desde los andamios que se habían montado para hacer su diagnóstico definitivo y abordar su restauración. Me acompañaron en la visita el profesor Serafín Moralejo y el arquitecto Iago Seara, de quienes recibí cumplidas explicaciones sobre lo que estaba viendo y sobre lo que estaba llamado a contemplar, y tuve la convicción de que la desidia que evidenciaba la prodigiosa obra de Mateo iba a terminar antes del siglo XXI. Pero las buenas noticias que ahora llegan sobre un nuevo proyecto de restauración del Pórtico y de las bóvedas de la capilla mayor vienen a recordarme que todo aquello se quedó en agua de borrajas, y que el primero y más bello de lo monumentos de Galicia, y de España, sigue estando mal administrado. Por eso espero que esta vez sea la vencida, y que, una vez rectificadas las actitudes que frustraron los anteriores intentos, podamos inscribir en placa de bronce a quienes son esenciales -Ánxela Bugallo, José María Arias y José María Díaz- para esta intervención. Ello no obstante, me permito señalar ciertas carencias advertidas en la gestión de este templo que, catalogado entre los más bellos e impresionantes del mundo, y poseedor de una fábrica admirable que le da su apariencia de fortaleza y estabilidad, está necesitado de más atenciones de las que parece. Porque, víctima de sucesivas intervenciones parciales y cutres, y de una desafortunada programación de sus servicios religiosos, el espacio catedralicio se fue llenando de tarimas, cables, pantallitas, clavos, alcayatas, barreras, sillas, cordones y trangalladas que, unidos a una iluminación interior tan desafortunada como premiada, y a una falta de pulcritud en el cuidado de los elementos ornamentales -arañas, puertas, candelabros, etcétera- producen una sensación de chapuza y enorme desasosiego. Por eso es necesario ir más allá de las restauraciones que ahora se afrontan, cuyo presupuesto, a todas luces escaso, me hace temer otra actuación parcial que, siendo muy meritoria para la Fundación Barrié de la Maza, puede no alcanzar el nivel de excelencia por parte de quienes administran el patrimonio artístico y simbólico de la basílica compostelana. Mi idea es que, puestos a la obra, se debería hacer un plan más amplio, que revise el interior de la iglesia piedra a piedra, telaraña a telaraña, altavoz por altavoz, tarima por tarima y pantallita por pantallita. Porque el esplendor del templo es una oración colectiva. Y porque la delicadeza y el detalle, de los que tanto adolece una catedral como ésta, valen mucho y no cuestan casi nada.

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