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León

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Distorsionemos un poco más la realidad Les propongo un juego, eso sí un juego maligno: Pongámonos manos a la obra y distorsionemos la realidad para conocer cuál puede ser el límite de nuestra maldad. Si de deformar la realidad de trata puede valer todo. Desde echar mano de nuestra imaginación y pensar que un hombre en calzoncillos y con capa puede volar, hasta que un forzudo con piel agrietada e hinchada por no se qué razón es capaz de derrumbar montañas. Pero si de cavilar se trata y puestos a ras de tierra también podríamos imaginar que un afamado periodista, que dirige con mano dura, pero también con sapiencia, su medio de comunicación, se «enreda» en más de un lío de faldas y echa por tierra su reputación. En ambos casos, hombres voladores o masas de músculos, o profesionales de reputación intachable, habríamos optado por la imaginación. Una virtud sin límites, pero para la que también hay que tener un cierto halo de inventiva. Si lo que se busca en las series televisivas de más o menos éxito -marcado al peso en el famoso share- es captar la atención del, muchas veces, sufrido espectador, alguien al que se le supone preparado para ejercer la crítica con ecuanimidad no puede caer en la comparación zafia y verdulera. Viene a cuento esta diatriba al desafortunado comentario del columnista mediático -ya que centra en ellos el objeto de sus colaboraciones- firmante bajo el seudónimo (¿) de Boquerini. Ya el título del citado artículo El invento del maligno puede dar lugar a múltiples interpretaciones que sin duda entrarán en su privilegiada cabeza, pero el contenido¿ Bien está que se busque el recurso fácil de detectar un detalle en el que muchos mortales quizá o hubiéramos reparado: que la televisión hoy en día es una copia continua los unos de los otros. Pero hecha esta salvedad u obviedad, lo cierto amigo Boquerini es que no parece muy propio de ti ni de tu afilada inteligencia periodística que confundas churras con merinas. Una cosa es que en tu calenturienta mente se reflejen una y otra vez imágenes captadas de alguna que otra película de bajo coste y otra que pienses que todo el monte es orégano. O es que quizá, cuando una señorita te sirve ese combinado que tanto te gusta vas y piensas ¡vaya ya la tengo en el bote!, o bien cuando acudes a una abogada para que resuelva tus «problemillas» dices convencido ¡ésta ya no se me escapa! No creo, amigo Boquerini que esto ocurra porque eso supondría pensar que detrás de la profesionalidad de alguien se esconden oscuros intereses que, quién sabe, puede que tan solo estén en tu mente. Tendrás que reconocerme que no has estado muy fino al plantear que detrás de todas esas series (ficciones de la realidad) centradas en este caso en el mundo hospitalario de médicos y enfermeras/os tan solo se encuentra un submundo de enredos y ligoteos. No hombre no, no tenemos tanto tiempo, ni tampoco nos planteamos en el trabajo ponernos nuestras mejores galas para enredarnos con nuestros pacientes o es que acaso lo haces tú en la redacción de tu medio. Si todo lo que ocurre en las series televisivas me lo creyera al pie de la letra, yo tendría mirada de rayos X, levantaría edificios o sanaría con sólo tocar a los pacientes a los que intento ayudar en la medida de lo posible, pero sólo soy, o al menos lo intento, ser un buen profesional en mi labor diaria, vamos como tú cuando no te dedicas a elucubrar con fantasías sexuales. José Luis Blanco Valle (enfermero, León) El fútbol derrota a «Informe Semanal» Agradezco que me permita utilizar unas líneas del periódico que dirige para hacer pública una queja que supongo compartirán no pocos de los lectores. Desde que era pequeña todos los sábados por la noche veo el programa «Informe Semanal», que es para mí un espacio emblemático de nuestra televisión. Creo que es tan respetable e importante como un telediario y que habría que respetarlo hasta el punto de no suprimirlo aunque hubiera otros eventos importantes. Podrían pasar el otro programa a La 2 o incluso, según la importancia de éste, pasar el Informe Semanal a La 2. El sábado día 1 vi con decepción que lo suprimían por el Festival de Eurovisión de Bailes. ¿Tan importante era? Este sábado pasado, ¡cómo no!, don fútbol, la selección española frente a la de Islandia. ¡Qué tristeza comprobar que seguimos siendo un país de pan y fútbol! Espero que en lo que quede de temporada la situación se normalice y podamos ver con regularidad Informe Semanal , uno de los pocos programas de televisión que yo puedo recomendar a mis alumnos. Muchas gracias. Ana María Gómez (León)

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