CRÓNICAS BERCIANAS
Inversiones y chamorradas
ME PROMETÍ hace dos semanas no dedicar las líneas justas a los frikis como Estanga Rebollal a propósito de su intervención delirante -una más- con motivo de la ofrenda a La Encina. Pero me debe estar atacando el SPC (síndrome del político común), porque me dispongo a incumplir ese pacto con mi conciencia. A cuenta de las declaraciones estupendas de un cargo que se presume serio. El de vicealcalde de León que ocupa ese amante del Bierzo llamado Javier Chamorro. Anda preocupado este político de altas miras por la inclusión de la singularidad de la comarca berciana en el artículo 46 del nuevo Estatuto de Castilla y León. Como el perro del hortelano. Porque no ha sido capaz de que tamaña conquista se extienda al Reino de León. Y debe tener razones para preocuparse si leonesista es sinónimo de antibercianista. Porque le confieso que en Ponferrada anda todo el mundo, desde que se conoció la noticia, con el pecho inflado. La gente se siente más importante, los mayores pasean erguidos y con sonrisas de oreja a oreja, los jóvenes se ha rapado el cráneo y se han tatuado el 46, y la Deportiva piensa dedicar el dorsal con dicho número a su figura más rutilante. Circulan rumores sobre la posibilidad de que tal reconocimiento estatutario lleve aparejada una cascada urgente de millones de la Junta para completar la autovía Ponferrada-Villablino, y gana credibilidad la promesa del Gobierno de hace ya casi cuatro años sobre la inminente ejecución de la autovía a Orense. A Chamorro, que tiene pinta de espabilado y debe serlo para estar donde está, alguien debería comentarle, si es que lo ignora, todos los grandes beneficios que el reconocimiento de comarca por parte del Ejecutivo «Ansar» ha deparado a esta tierra. Llevamos ya más de una década divagando sobre competencias, delegaciones, reconocimientos rabulescos, transferencias de fondos, y lo único cierto es que el Consejo Comarcal del Bierzo sigue resultando una administración prácticamente inservible para el ciudadano de a pie; que no presta ningún servicio básico, salvo la opípara manutención de las familias de algunos políticos que cada cuatro años montan un número tan imponente como el que ahora tienen en marcha en el PSOE autóctono. Salvo para el bercianismo más optimista -tranquilícese señor Chamorro- me temo que el matiz identitario en el artículo 46 del Estatuto no alimentará otra cosa que el discurso yermo de hombres públicos que tal vez deberían afanarse más por el cumplimiento del 47 de la Constitución -vivienda- o del 35 de la misma Carta Magna -empleo-. Lo demás son «chamorradas» como algunos integristas proponen ahora asimilar en el diccionario berciano-español/español-berciano al término chorrada. Y venga usted tranquilo al Bierzo -y con dinero-, que está desechado que como Laudino hiciera un día con Ronald Reagan alguien decida nombrarle persona «non grata». Entre otras razones, porque lejos del fundamentalismo sarcástico-histriónico (ver «300 bercianos» en Youtube), sus declaraciones importan un pimiento al administrado convencional, al que sigue esperando la llegada del AVE, la autovía a Villablino o la A-72 con Orense.