AL DÍA
Solución al botellón
LEO con agrado que algunos alcaldes empiezan a tomarse en serio la posibilidad de prohibir el consumo de alcohol en la calle. ¿Algo tan elemental por qué no se acometió antes?. Nadie me quita de la cabeza que a nuestros dirigentes, muchos de los cuales les tocó vivir una España donde las libertades escaseaban y en la cual estas situaciones se solucionaban por métodos hoy inaceptables, les puede quedar ese pequeño recelo de si se actúa con contundencia democrática pueden compararles con personajes de otros tiempos. En eso pueden estar tranquilos. Ya tenemos suficiente experiencia en democracia para ser conscientes que la máxima del mayo del 68, «prohibido prohibir», a veces hay que obviarla en bien de la comunidad. Se apunta que habrá vigilancia policial en los botellones que molesten a los vecinos. Pues estupendo. Dejémonos de eufemismos y llamemos a las cosas por su nombre. Estos jóvenes con su proceder alteran la vida de miles de ciudadanos, y puestos a ponderar me inclino por el derecho al descanso antes del derecho a plantarte en medio de una calle plagada de decibelios a beber a destajo. Y la siempre necesaria labor de los padres. Quizás ayudará a la concienciación el empezar a recibir sanciones administrativas, las cuales tendrán que afrontar por la minoría de edad de sus hijos, por incumplir la ordenanza municipal en cuestión. Ya se ha hecho en muchos municipios y la vida sigue. Distingamos entre el botellonero y el vándalo. En modo alguno es lo mismo. A los primeros se les aplicaría la normativa municipal. A los otros Código Penal puro y duro. Esto también es democracia. La inventaron los griegos hace muchos siglos para armonizar y coordinar los intereses de todos los ciudadanos.