Diario de León

TENGO ESCRITO por alguna parte que la conciencia es uno de los mejores libros de moral que poseemos. Quizá, junto a la propia moralidad y la ética, sean el conjunto de pautas reflexivas más importante que el individuo puede observar a lo largo de su vida. ¿También en el fragoso campo de la política? ¡Por supuesto¡ E incluso en el ámbito público, en mayor medida. Pero entrando en harina, acaso sea la práctica profesional de la política una de las actividades donde estas virtudes brillan más escasamente. En especial la ética, ese pequeño trocito de la filosofía que tanto entorpece las ambiciones legítimas y por supuesto las desmedidas. Cuando el fin justifica los medios es que algo transita por senda equivocada. Sin distinción, la clase política ejerciente en este país se encuentra a menudo al límite o en el filo mismo. El alcance de los objetivos corporativos y personales priman, sin duda, ante cualquier otro aspecto decoroso. Las tierras leonesas no son una excepción. Pero, obviamente, la esfera que a mi me interesa por razón y corazón es, bajando a la arena, la del leonesismo representado por la Unión del Pueblo Leonés. En estos momentos delicados para UPL, después del emancipamiento del paternalismo fundacional y unos resultados electorales desiguales, e incluso adversos, conviene ser prudentes por lealtad a la causa y a las siglas, que son cuestiones diferentes a las personas. Sin embargo, para avanzar resulta imprescindible meditar, promover la autocrítica y establecer hábitos participativos. Lo contrario es una suerte de huída hacia adelante que sólo navegaría rumbo al encallamiento de la nave nodriza. La desorientada vocación bisagra de UPL en la última década, la relativa bisoñez de las siglas, la endogamia estructural y los avatares del destino han venido condicionando la ética de buena parte de su poliburó y la arquitectura del partido. De aquellos mimbres tenemos ahora estos cestos por los que, seamos sinceros, se nos viene escapando lenta pero inexorablemente el agua de la rentabilidad electoral de no poner remedio. En contraposición, el enérgico movimiento leonesista civil, armonizado en torno a una veintena larga de asociaciones, continúa su línea ascendente levantando a la opinión pública con manifestaciones multitudinarias y acciones efectivas del Colectivo de Ciudadanos del Reino de León que a posteriori, como se ha evidenciado, no tuvieron la traducción política que era de esperar en las urnas. ¿Qué falla, pues, en el partido receptor? Con el anuncio ya oficial del adelanto extraordinario del congreso para el 25 de noviembre y las próximas elecciones generales en ciernes, concluye una etapa de transición y se abre un tiempo de incertidumbre y renovación para un partido aclimatado al paternalismo secular en el plano organizativo e ideológico, como referente ético y estético. Que el congreso se anticipe es, qué duda cabe, buen pronóstico si se celebra sin argucias. El déficit organizativo que atraviesa la formación exige afrontar y resolver las asignaturas pendientes. Los comicios generales de marzo de 2008 son otro reto trascendental que, una vez vencida cierta inanición entreguista, UPL no debería dejar pasar de largo sin batallar el voto como en las municipales y autonómicas. En alguna convocatoria nacional de no hace mucho tiempo ya se rozó el diputado en la Carrera de San Jerónimo. Incluso, en las más impersonales elecciones al Parlamento Europeo, que tuve la grata incontinencia de encabezar, la lista se acercó a los 40.000 sufragios. Estatutos, ética y debate. Tres postulados que a mi juicio son la piedra angular de todo partido que pretenda gozar de buena salud y vocación en el tiempo. El respeto escrupuloso a los preceptos estatutarios como norma básica, la observancia de la ética personal y colectiva y, por supuesto, los hábitos participativos que favorezcan el debate enriquecedor son las claves de la superación. El proceso congresual que ahora se abre en UPL es una magnífica ocasión para encarar un futuro esperanzador y alcanzar la deseada mayoría de edad. En Leonesismo y Sociedad, la sólida corriente interna de opinión de UPL, así se juzga necesario desde su constitución en junio de 2006, esgrimiendo las tres premisas en la cabecera de su decálogo y en el frontispicio de la web oficial. Estatutos, ética y debate. Esa es, sin duda, la clave. En política no todo vale.

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