No es más español...
Sobre la calidad de este Gobierno Qué razón tenía mi abuelo cuando decía «no hay mayor ciego que el que no quiere ver» y aunque no tuviera muchos estudios, era una persona muy sabia, porque venía reflejando en sus palabras lo que ocurriría en España años más tarde. Recientemente hemos visto como el Gobierno socialista alardea de la buena situación en que se encuentran las arcas del Estado; no es nada extraño si tenemos en cuenta que durante toda la legislatura han vivido como hedonistas, alejados de las necesidades del país, y a última hora, cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina, comienzan a derrochar dinero, cumpliendo tarde y mal (aunque todavía está por ver) algunas de esas muchas promesas que tenían olvidadas: reducción del peaje de la León-Astorga, en la del Huerna, etcétera; pero a pesar de quedar muy poco tiempo para arreglar esta España, que han entorpecido, no cesan de criticar al Partido Popular, afirmando ahora, que a su presidente, Mariano Rajoy, le han surgido sucesores. Decía Gustavo Flaubert: «La imbecilidad es una roca inexpugnable: todo el que choca con ella se despedaza» y esto es precisamente lo que le está ocurriendo al PSOE, porque a mi juicio personal, es preferible que en un partido surjan personajes dispuestos a asumir sus responsabilidades, como está ocurriendo en el PP según afirman, a que militantes de su propio grupo tengan que cesar o formar otros partidos paralelos porque no están conformes con sus dirigentes, como ha ocurrido en Navarra, o en Cataluña, con Rosa Díez. Mientras todo esto ocurre, el pan sube, las hipotecas también, y ZP se dedica a escribir cartas, que más bien parecen guiones de parodias, a su trío de amiguitos: Evo Morales, Hugo Chávez y Fidelito, felicitando sus formas de gobernar y admirando la libertad que se respira en sus países respectivos. El barómetro del CIS señalaba a finales de julio que el PSOE encabezaba la lista de intención de voto; no sé lo que ocurrirá en estos siete meses que faltan para las generales, pero supongo que todo seguirá igual: ZP sacará las ingeniosas promesas de la chistera mientras su equipo estará ocupado emitiendo falsas historias sobre el Partido Popular. A mí desde luego, no me manipularán y sabré responder ante las urnas a toda esta barbarie que está sucediendo, teniendo como claro responsable al Gobierno central. Jorge Juan F. (Villavante) Símbolos e inmigración La incorporación de personas procedentes de otras latitudes, de otras culturas, plantea problemas de no fácil solución. El velo que cubre los cabellos de la mujer musulmana, o la cruz, que pende del cuello de una persona cristiana, sea hombre o mujer, son dos símbolos de pertenencia a las respectivas religiones. En Inglaterra una profesora musulmana de educación infantil fue despedida por llevar niqab , que sólo deja al descubierto los ojos. A los niños les daba miedo, pero, aunque no hubiera provocado en ellos ese sentimiento, la prohibición de tal vestimenta, que oculta a quien está bajo ella y es discriminadora, nos parecería lógica. Por su parte la compañía inglesa British Airways despidió a una azafata por negarse a prescindir de una cruz que llevaba colgada al cuello. ¿Son ambos hechos comparables? Personalmente creo que no, y que la solución inglesa que es la de para todos café, no me parece buena. Cubrirse por completo no puede ser consentido en personas que están de cara al público, sea por motivos religiosos, políticos o de otra índole. No sería posible que un profesor acudiera a clase con el rostro cubierto, como si fuera un vulgar etarra en el momento de leer un comunicado o un policía cuyo rostro no puede ser públicamente expuesto sin grave peligro. ¿Por qué llevamos esos símbolos? Probablemente porque queremos demostrar nuestra pertenencia a algo o nuestra fe. Ese es el caso de las mujeres musulmanas, y el mío. Mi cruz indica que soy cristiano, quiero que se me note el acento galileo. Puede ser equivalente, aunque en su caso más visible, al hiyab o velo, que cubre únicamente la cabeza. Debemos ser flexibles con algunas cosas, para poder ser muy inflexibles con las que de verdad importan y son irrenunciables: los derechos humanos. Anatolio Calle Juárez (Navatejera) Pedro (En el debate de dioariodeleon.es).