Diario de León

TRIBUNA

Vacío en UPL y signo dominante de Castilla

Publicado por
PEDRO RABANILLO MARTÍN
León

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LA POLÍTICA debería concebirse como doctrina y arte de hacer el bien, pero, al no existir reglas estrictas de obligado cumplimiento, la diligencia y eficacia brillan por su ausencia. De ahí, las estupideces y exabruptos de los mezquinos/as que rellenan las listas electorales de los partidos políticos. En un análisis anterior, atribuíamos el fracaso en número de concejales en la UPL a la in cesante lucha en el seno de la formación, debido a ese descarado protagonismo que imponen los «elementos» más radicales, dejando al margen la sensatez y coherencia que deben adoptar las minorías, como recurso y ejemplo a evitar amnesias interesadas en las mayorías dominantes. Por tanto, nos vemos en la obligación de criticar esa política de aventura desproporcionada, en cuanto a reivindicación territorial se refiere, ya sus esquizofrénicas procacidades sobre la Policía Nacional, tratando a los agentes de «fuerza de ocupación en un país libre». El desinterés del señor Abel Pardo, concejal del Ayuntamiento de León, por la política positiva queda reflejado en las desmedidas declaraciones que efectúa cuando tiene a mano un micrófono o entrevista mediática de cualquier índole, patentizando una incontinencia verbal que le pierde en el laberinto del inexistente servicio a los ciudadanos/as, traducido en un repulsivo protagonismo que detestan todos los leoneses y leonesas de bien. Resulta desalentador oír en los corrillos y tertulias la unánime reacción a esas desafortunadas intervenciones, presagiando una no muy lejana desaparición de la UPL, si no se limpia de elementos nocivos la nunca más necesaria formación. Por si les sirve de reflexión, podemos dar fe de que en nuestro entorno, en la pasada campaña electoral, hubo leoneses/as manifiestamente contrarios a dar su voto a UPL; recordando la insensata «camaradería» con jóvenes separatistas de otras autonomías, reivindicando tan esperpénticas «chorradas» como las no menos actuales. Es posible que esta reconvención sea un tanto extemporánea, si tenemos en cuenta las fechas en que se producían los hechos. Ello no obstante, animamos a reflexionar a los pardillos lleunesistas (en tono no ofensivo), para evitar que necedades de esa naturaleza «embadurnen» el buen signo de la entidad leonesista. La UPL es más que esas expresiones violentas con que tratan de identificarla quienes son incapaces de reaccionar antes de lanzarse a la miserable recolección de «cosechas» personales. A pesar de nuestra reiterada afirmación a la crítica sobre tan lamentables excentricidades, renunciamos a dar por zanjado el proceso de legitimación que la inmensa mayoría de leoneses/as reclama a que León sea reconocido política y jurídicamente «ente autonómico» separado de Castilla. Múltiples razones de peso avalan las continuas reivindicaciones, que, con desprecio y falta de respeto, desoyen tanto el Congreso y Gobierno como el centralismo autonómico al que obligadamente pertenecemos. Dejando al margen la mascarada de las inoportunas intervenciones, queremos centrarnos en la petición seria de una revisión de las posibles de León para contar, en un plazo no muy dilatado, de Autonomía uniprovincial, si tanto Salamanca como Zamora desean permanecer dentro del actual estatuto. No obstante, un cambio de signo evolutivo, sería bien recibido en un viaje de ida y vuelta al seno regional. Si defendemos esta vieja aspiración, será con la seguridad de que ha de realizarse dentro de un panorama sin crispaciones y de respeto mutuo entre las distintas posiciones que intervengan en el conflicto. No aceptaremos retos monolíticos que impidan el desarrollo civilizado por buscar la solución a un problema de carácter identitario y de obligado reclamo histórico. No entendemos la contumaz negativa, por parte de la Junta, flanqueada por los partidos Popular y Socialista, a revisar esta incómoda situación en la que estamos inmersos los leoneses/as, enmascarada de humillante rendición, cuando los derechos que nos asisten no tienen fecha de caducidad. ¿Por qué Castilla y León? ¿De qué privilegio disfrutamos cuando se nos ha negado un reparto equitativo de organismos institucionales? ¿Tiene León que seguir sufriendo la humillación de aquel contubernio maldito oficializado por sátrapas con delirios de poder? Si rectificar es de sabios, ¿por qué no aprovechar ese sagrado principio que ennoblece a quienes lo practican? De aberrante podemos catalogar la mistificación que venden a quienes de soslayo no les concierne. De ahí las reacciones ambiguas al respecto. Al aseverar esto con el énfasis que tocamos el tema, queremos dejar claro que no buscamos demagogia en la exposición de los argumentos, ya que hay pruebas evidentes, cual la reciente inauguración de un edificio un tanto faraónico para albergar las Cortes comunitarias en Valladolid, que debieron haberse ubicado en León, como pago a esa deuda pendiente que se niegan a satisfacer, manteniendo esa usurpación territorial y político-administrativa que degrada la dignidad de quienes la sufrimos. ¿Por qué no haber aprovechado la oportunidad para devolver a León el honor por el privilegio de ser la ciudad donde por primera vez se constituyeron las Cortes en 1188 bajo el reinado de Alfonso IX, efeméride degradada por un voluntarismo autoritario? Ante la imposibilidad de rectificar en lo tocante al Parlamento regional, los emplazamos a que, en un rasgo de conmiseración, se dispongan a paliar el tremendo lapsus, comprometiéndose a facilitar un buen entendimiento para acabar con el contencioso y a ayudar a León a seguir manteniendo lazos de buena vecindad con las provincias que forman el ente, de las que esperamos generosidad y comprensión a nuestras justas aspiraciones. Una vez expuesto nuestro modesto punto de vista, con la dudosa convicción de ser aceptado, animamos a la UPL a no volver la vista atrás y recuperarse de esa guerra de familia e invitar a volver al seno de la formación a quienes un día representaron lo más puro del espíritu leonesista, con el fin de evitar la división de los votantes que paradójicamente pretenden la consecución del mismo fin. A la vez, convendría incorporar nuevos valores que ayudasen a aumentar el carisma del que un día gozaba la Unión del Pueblo Leonés. A la Junta de Castilla y León, al Partido Popular y al Partido Socialista Obrero Español los invitamos a que abandonen el gastado sonsonete de «imposible, el ente está cerrado». No hay fundamento, ni moral ni político, que sostenga esa aberración.

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