Diario de León

AVE DE PASO

Un espectáculo de obscena hipocresía

Publicado por
ASSUMPTA ROURA
León

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ME DESCONCIERTA el clamor efímero que despertó el video del agresor del metro de Barcelona porque se ha hecho evidente que fue un clamor de usar y tirar. Ni un segundo para la reflexión, ni un porqué de todo cuanto está sucediendo más allá de la planicie donde todo aparece organizado. Un agresor en el metro, un chaval acosado en la escuela, una prohibición del llamado botellón, un padrenuestro por una mujer maltratada. Noticias saltimbanquis y nada más. El espectáculo de la alta gastronomía ha suplantado al pensamiento, me recordaba un amigo al que le contesté que éste no era un país de pensadores, que vivimos de prestado, de apariencias que malogran la verdad que de reconocerla nos salvaría. Basta con tener la valentía de subirse al metro de madrugada en cualquier ciudad de España para comprobar sin lugar a dudas que la realidad que nos avergonzó en las imágenes televisadas sucede cotidianamente con toda normalidad contemplada por ojos que no ven gracias al sálvese quién pueda o por los litros de alcohol y pastillas de colorines que empañan la mirada de esos mismos ojos turbios e indiferentes. Basta con acercarse, al amanecer, hasta cualquier rincón de cualquier costa masacrada por el ladrillo para contemplar el patetismo tratando de buscar su límite a la salida de las discotecas y bares y determinar que no existe otro paisaje posible de la salida del sol. Vive a sus anchas ese submundo y se muestra sin complejo gracias a la complicidad de todos, incluso de los que se alzan en jueces ante una imagen televisada. Con mucha más fuerza que el poder político al que pretendemos vigilar con lupa de maníacos, lidera nuestras vidas el poder de la indiferencia y la fuerza empleada para la ocultación del mal. La obscenidad de este submundo nocturno tan mayoritario, donde se mezclan nuestros hijos con los hijos de su propia suerte, habla de nosotros mismos y desenmascara totalmente esa liturgia del bien con la que nos disfrazamos a diario. Si la desnudez del compromiso moral del poeta de antaño ha sido sustituida por agentes culturales para lucrarse de la cultura misma, si la gastronomía es sólo espectáculo, si el impagable valor de nuestros paisajes revienta por el beneficio especulativo del cemento, si el noble sentir del individuo se confunde con el perverso aislamiento del individuo es porque la obscenidad misma nos importa un pito. Así sólo los hipócritas pueden extrañarse.

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