Labordeta y el leonesismo
A favor de la vida En relación con la noticia que nos ha llegado desde Ponferrada, relativa al embarazo de una niña de once años, creo que existen suficientes argumentos para que se haga médicamente todo lo posible por salvar tanto a la joven madre como al bebé que crece dentro de ella. Podemos acudir a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículos 1 y 3: derecho de todo individuo a la vida), o invocar varios preceptos de nuestra Constitución, de la que casi todos nos declaramos fieles cumplidores: el artículo 10 (dignidad y libre desarrollo de la personalidad), el 15 (derecho de todos a la vida), el 9.2 y el 14 (igualdad y no discriminación), o el 39 (protección de la familia y protección integral de los hijos), cuya interpretación conjunta lleva, a mi juicio, a afirmar la existencia de un derecho a nacer. Pero además, resulta posible encontrar otros argumentos, a poco que nos paremos a reflexionar en torno a sencillos planteamientos como los siguientes: nadie es quién para quitar la vida. ¿Debe condenarse a muerte a un ser humano dependiendo de la edad de sus padres o de las circunstancias en que haya sido concebido? En una sociedad que tiende a actuar prescindiendo de cualquier consideración moral, ¿quiénes somos para juzgar si una vida merece ser vivida, o para considerar que en determinadas circunstancias un embarazo es fruto de un error que el feto debe pagar con su vida? ¿No sería, precisamente ésa, una decisión cargada de prejuicios? ¿Quién puede valorar la madurez o inmadurez de unos futuros padres en función de su edad o de cualquier otra circunstancia? ¿Quién puede establecer los límites, y conforme a qué criterios? Volviendo al caso de Ponferrada: en esta era, teóricamente, del bienestar y de la igualdad de oportunidades, sería toda una incoherencia impedir a esta criatura ser (con todo el apoyo de una sociedad que se dice justa y solidaria) lo que pueda llegar a ser: quizá un trabajador y honrado padre o madre de familia, quizá un músico que supere a Bach y Beethoven, quizá el inventor del remedio definitivo para el cáncer o el sida. Si lo eliminamos, nunca lo sabremos. Miguel Ángel Alegre Martínez (profesor titular de Derecho Constitucional Universidad de León). José Luis (Barcelona).