León

Creado:

Actualizado:

LA VIEJA Negrilla nos protegió hasta el final, querido Amancio, debes sentirte orgullo de ella. Salvó vidas, pues el vándalo que conducía ebrio hubiera podido llevarse por delante unas cuantas si el gigante de hormigón no llega a estar allí, para cumplir con las misteriosas leyes de causas y efectos. Quizá actuó de escudo protector de alguien y de algo, y esa era su misión secreta, desconocida hasta por ti, que la creaste: estar en su puesto de eficaz vigía, en ese preciso momento. De ser así, tuvo una «bella muerte», muy superior a la que anhelaban los héroes griegos. Me ha hecho recordar el maravilloso cuento de Wilde sobre el Príncipe Feliz, la estatua que pidió a una golondrina retrasar su emigración hasta que lo despojase de sus lujosos adornos y fuese depositándolos en los hogares más pobres. El arte no es objeto, ni pieza, tampoco cosa, sino misión y destino, y quizá el de tu escultura fuera sacrificarse, recibir ella el brutal impacto, para que otros no lo recibiesen. Bella muerte heroica, digna de personajes homéricos. El efecto mediático ha sido ajeno al propio escultor, quien ha actuado con una limpia combinación de sobriedad y tristeza, reacio a banalizar con quejas legítimas su desconsuelo. Lleva dentro su propia cantera, pero su corazón no es de piedra. Amancio, tienes muchos motivos para entrar hoy en tu taller, reconfortado por saberte tan querido, uno de los mayores logros de un creador. Las heridas mortales no pueden ser curadas, pero el espíritu, y una obra de arte lo tiene, es inmortal. Ciertos acontecimientos amargos necesitan un tiempo, suyo propio, para revelar sus claves. Por eso, más allá de la indignación y el desconsuelo, en ti ha de prevalecer la convicción de que la Vieja Negrilla aún seguirá ganando batallas.

Cargando contenidos...