DESDE LA CORTE
Efectos internos de la crisis
COMO ES NATURAL, el documento del año es el frenazo del Rey de España al botarate de Hugo Chávez. Y, como era previsible, el fuerte impacto de la escena está llamado a condicionar las relaciones políticas. En las internas, hemos visto dos niveles. En el primero, también el primario, sobresale el aplauso a un monarca que tuvo el valor de silenciar a un lenguaraz; que asume el cabreo de multitud de españoles, y que nos hizo sentir la sensación de estar bien representados por un monarca que los pone sobre la mesa cuando hay que ponerlos. El segundo nivel es más complejo. Ahí está la reacción de los partidos republicanos y del principal partido de oposición, el PP. Sobre los primeros, no hay mucho que decir; únicamente que son tan cortos que desalienta comprobar cómo son capaces de ponerse del lado de un autoritario con tal de hacer propaganda de su idea. No tienen el sentido pragmático de ponerse al frente de la corriente de opinión pública que aplaude al Rey. Y, por no tener, no tienen ni la gallardía de anteponer los intereses de España a sus posiciones ideológicas. Las declaraciones de algunos comunistas y de miembros de Esquerra pasan así a la antología de la necedad política. En cuanto al PP, sus reacciones han sido mucho más medidas, como corresponde a una fuerza política constitucional y de gobierno. Pero algunas declaraciones merecen una reflexión. Por ejemplo: ¿están seguros de que Zapatero debió abandonar el plenario de la cumbre? ¿Saben lo que hubiera significado ese gesto? Pues hubiera significado ni más ni menos que dejar en el aire la reunión y sus acuerdos. Y hubiera supuesto tal crisis diplomática que causaría incalculables perjuicios a los copiosos intereses de España en sus territorios. El Gobierno está para gobernar, y gobernar supone temple y capacidad de improvisación, no para hacer un plante, sino para afrontar serenamente los problemas. Los intereses empresariales y de personas en las naciones dirigidas por esos exaltados demagogos no se defienden poniéndose a su altura y aumentando la provocación, sino con una labor paciente y oscura de negociar e incluso de «poner cara de tonto» cuando las circunstancias lo aconsejan. Si Zapatero hubiese abandonado el plenario, a estas horas estaríamos en un conflicto de difícil solución. Y una última reflexión, dicha con todo afecto a don Mariano Rajoy: ¿no le sugiere nada que haya quedado como un hombre más dialogante e incluso humano su antecesor el señor Aznar? ¿Perdió algo Aznar por agradecerle a Zapatero su defensa? No. Al revés: se ha rehabilitado ante mucha gente. En cambio, la crítica por la crítica no ayuda al actual Partido Popular. Y, encima de no ayudarle, le resta credibilidad.