DESDE LA CORTE
Jornada de alto riesgo
HOY es un día de alto riesgo en Madrid. Se vive un clima tenso, como consecuencia de dos factores: la convocatoria de la tradicional marcha falangista del 20-N al Valle de los Caídos, y las provocaciones que se lanzan los grupos juveniles de ideología extrema. La marcha falangista es legal: la autorizó el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Las apelaciones que se han hecho para que sea prohibida por la Delegación del Gobierno no tienen sentido: ante esa resolución judicial, no cabe siquiera la posibilidad de recurso. Esa es la ley, y a la autoridad gubernativa sólo le corresponde ahora garantizar que no haya violencia. Se llega a esta jornada con un ambiente caldeado y colérico. Hace una semana, un joven del sector llamado antifascista cayó asesinado en el Metro. Después, algunos medios informativos se introdujeron en los ambientes de esos clanes politizados y captaron mensajes de clara alarma social como «un muerto se paga con otro muerto». En su ideología se mezcla todo. En los llamados neonazis hay ideología fascista, rechazo a «esta» democracia y un difuso racismo basado en la repulsa a la inmigración y alimentado a su vez en la defensa de los puestos de trabajo para los españoles. En los llamados antifascistas hay todo lo contrario, en una compleja gama de marxismo, ecologismo, progresismo, dictadura del proletariado, libertarios, frentepopulismo y tribus urbanas. Casi se puede decir que hay tantos sectores ideológicos como militantes. Según parece, les une su aversión al fascismo. Lo más inquietante de su actividad clandestina -a veces legal- es que salen con cuchillos y navajas de su casa, y dicen los psicólogos que un individuo que sale con armas a la calle experimenta un rápido cambio de personalidad. Viven un momento de exaltación y agitación, contagiados por el ambiente político crispado y espoleados por la atención de los medios informativos. Tienen aparatos de propaganda. Llaman a las emisoras de radio. Se sienten protagonistas y recuerdan a los jóvenes de la kale borroka, pero con otros objetivos, que a veces se resumen en dar un escarmiento al adversario. Lo que hoy suceda es imprevisible. Este cronista confía en la profesionalidad de una policía que tiene la instrucción de evitar todo contacto entre los bandos. Lo inquietante es que existan los movimientos mismos; por qué muchos jóvenes sienten la atracción de la violencia política; por qué se agrupan; qué extraña rebeldía juvenil los aparta de la protesta ordenada y los lleva por la senda de la agresión. Ese es el problema. Una concentración como la de hoy se resuelve con fuerza pública. Una ideología basada en el enfrentamiento social y racista puede ser un cáncer para el país.