CUARTO CRECIENTE
No ofende el que quiere...
DICE un viejo refrán que «no ofende el que quiere sino el que puede». Y así, parece que, el verborreico y golpista frustrado, Hugo Chávez airado por la llamada al orden de Su Majestad, blande al aire una supuesta afrenta que él mismo ha provocado. A todos nos sorprendió la intervención del Rey dada su larga trayectoria de moderación y prudencia. Desde el punto de vista diplomático, puede interpretarse como una ligera salida de tono, sin embargo, a tenor de las circunstancias y de la falta de consideración del presidente venezolano, la amonestación no sólo resulta comprensible sino de agradecer. La poca energía de Zapatero, en su tónica de mantener el buen talante y la incapacidad de Bachelet para garantizar el respeto a las intervenciones han convertido una tediosa reunión de mandatarios hispanohablantes en la comidilla informativa de los últimos días. Pese a ello, no debemos caer en la tentación de dar más importancia a un hecho que no lo tiene. De eso ya se encarga Chávez. S u magnificación del «rifi rafe» no es sino parte de su estrategia para desviar la atención de los problemas de su país. El populista «cantante» no quiere ni oír hablar de las manifestaciones estudiantiles en su contra, las voces críticas de aquellos que apoyaron con firmeza el chavismo, su violación de la libertad de expresión, ni la crisis económica. Ha comprado el voto de los pobres con subsidios obtenidos del petróleo hundiendo a las clases medias y altas que ahora temen que, con la reforma constitucional, se les expropien hasta sus viviendas. Y dice que «va a meter los ojos en las empresas españolas que operan en Venezuela» pero las compañías españolas ya empiezan a estar hartas de la inseguridad y, a lo mejor, Chávez acaba saliendo con los ojos¿ morados.