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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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EL DEBATE está servido. Es imparable. Y se veía venir. Nada más hacerse pública la composición del nuevo gobierno autonómico y las competencias de las consejerías, desde este mismo balcón pronostiqué lo que ahora es ya debate social y financiero. Escribí entonces -ahí está la hemeroteca para refrendarlo- que Tomás Villanueva se proponía fusionar las cajas de ahorro y mangonear la resultante desde la Junta de Castilla y León. Efectivamente, así ha sido. De inmediato comenzó una campaña de propaganda, dirigida políticamente desde Valladolid, para fusionar las cajas de ahorro. Una campaña que sorprendió a las propias cajas. En ninguna de la comunidad se había planteado debate alguno sobre fusiones. Todo ha sido un debate artificial, en el que Tomás Villanueva, la mano que mece la cuna, finalmente ha conseguido involucrar al propio presidente Juan Vicente Herrera. Según los cronistas parlamentarios, en la intervención plenaria de las Cortes regionales, Herrera no pronunció ni una sola vez la palabra «fusión». Queda más perfumado abogar por el «músculo financiero». Pero el tema acabó siendo la estrella del último pleno ordinario en el Parlamento regional. Queda otro pleno extraordinario: el de la aprobación de los presupuestos. En Castilla y León todo está atado con la mayoría absoluta popular. No necesita hacer encaje de bolillos como los que tendrá que hacer el Gobierno de la nación para sacar adelante los del Estado tras la devolución de los mismos al Congreso por la Cámara Alta. Para justificar las fusiones, previamente desde Valladolid se dejó que la Caja Rural del Duero fuera absorbida por Caja Mar, necesidad que sólo existe en las cajas rurales por sus escasas dimensiones y porque el gobierno autonómico ha abandonado sus obligaciones de tutela. Ahí está, como ejemplo, la absorción de la Caja Rural de León por Caixa Galicia. Por lo visto, puede ser el camino del resto de las cajas rurales, dado que no le interesan a Tomás Villanueva. Echo la vista atrás y quiero recordar el anterior proceso de fusión de cajas de ahorro en nuestra comunidad, cuando nació Caja España. Aquello fue, más bien, una absorción por necesidad. Tres de ellas se encontraban en muy mala situación económica y sólo dos, León y Palencia, saneadas. Precisamente por eso, porque la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León era la más grande y saneada, la sede se quedó en León. Ahora no existe ninguna urgencia de saneamiento como entonces. Al menos así lo creo, que en asuntos de dinero soy un desastre. Y aunque se han puesto los pilares de solidez tecnológicos e institucionales, con el edificio del Portillo y la remodelación de Botines, habrá que estar muy atentos a las maniobras para arrancar a León su collar de capitalidad financiera de Castilla y León. Yo no puedo evitar la sospecha de que la Junta de Castilla y León sólo tiene dos objetivos: controlar políticamente las cajas por intereses partidarios y llevar la sede de la fusionada a Valladolid. Es más fácil eso, por utilizar la expresión del presidente de la Cámara de Comercio, que abrazar piedra a piedra de la Catedral y trasladarlas a Pucela.

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