EL BALCÓN DEL PUEBLO
Situación desesperada
LA DIPUTACIÓN Provincial y la Junta han decidido celebrar por su cuenta, independientemente del Ayuntamiento de León, los 1.100 años del Reino de León. Después de la ruptura del Patronato Provincial de Turismo, esa disensión parece que va a ser la tónica general de los próximos cuatro años: Cada institución por su lado. Así que en el 2010, a falta de una, vamos a tener dos celebraciones. Debemos esperar que esa conmemoración no se convierta en otro baile de disfraces fuera del carnaval, como las charangas de romanos o templarios a las que nos tienen acostumbrados otros ayuntamientos. Pero, sobre todo: que la efeméride no se aproveche para exaltar e idealizar los valores profundamente reaccionarios de una época histórica de servidumbre, derecho de pernada y quema de brujas y herejes en la hoguera. Que se proyecte el León real al que ayer se refería Vicente Pueyo en este mismo espacio. Hasta llegar al 2010 hay que dar muchas zancadas. Quedémonos quietos en el día a día para echar una mirada a nuestro alrededor. Tiempo habrá para escudriñar en el pasado. Y lo que percibo a bote pronto es que la Diputación Provincial ha decidido imitar lo peor del Ayuntamiento de León. Se ha lanzado cuesta abajo por la pendiente del endeudamiento. La teórica oposición se comporta, más bien, como socios incómodos y vergonzantes que como auténtica alternativa de gobierno y fiscalizadora de los gastos presupuestados. Pero quien lo está pasando peor en este terreno pantanoso, capaz de engullir a los que han de moverse entre sus lodos y juncales, es el equipo de gobierno del Ayuntamiento. Ante la magnitud de la deuda heredada y la imposibilidad de hacer cualquier gestión mientras subsista, se ha visto en la obligación de subir los principales impuestos municipales. También en la de no renovar contratos en una plantilla superior a la de muchas ciudades con más del doble de habitantes. Desde diferentes puntos se está intentando articular un frente contra esa propuesta del equipo de gobierno. Pero en esta materia, para poder oponerse con autoridad moral, hay que tener alternativas reales que presentar a la sociedad. No sólo vale vociferar: No a la propuesta del equipo PSOE/UPL. Hay que decir cómo aumentarían los ingresos y disminuirían los gastos de forma sustancial para llegar a cuadrar unas cuentas normales a medio plazo. La situación del Ayuntamiento de León, como la de Villablino, es desesperada. Han sido muchos años de prácticas irresponsables y les toca resolverla ahora a quienes no la generaron. Y aquí sólo cabe concretar: cada palo que aguante su vela en la parte que le corresponda. Porque, vamos a ver: los dirigentes de la Fele, del Círculo o de la Cámara de Comercio tendrán su opinión, más o menos favorable, a la propuesta municipal. Pero su principal obligación como organizaciones es que las empresas cobren por las obras, los servicios y suministros que prestan al Ayuntamiento. Y sin tesorería, sin saneamiento de las arcas municipales, no lo van a conseguir. El caso de León no tiene nada que ver con el de Salamanca. En la capital charra el mismo demagogo que sube los impuestos ha dejado prescribir las deudas de amiguetes constructores por decenas de millones de euros.