Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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NO HA debido tenerlo fácil el jurado que, entre más de siete mil propuestas de letra para el himno nacional, al final ha escogido la de Paulino Ribero. Me consta que los miembros del jurado, al menos los que conozco como Juan Pablo Fusi y Emilio Casares, son personas competentes en sus materias. Fusi ,un gran historiador; y Emilio Casares, que fue profesor mío en Oviedo, leonés de Vega de Valcarce y catedrático de Historia de la Música en la Universidad Complutense, una persona de amplios saberes. Si entre ese número de propuestas la de Paulino Ribero fue la mejor, es indudable que las restantes debían de ser francamente detestables o, quizá, políticamente incorrectas en un país en el que a algunos les salen sarpullidos con solo nombrar España o hablar del amor a la patria. La culpa de que, al final, se escoja un himno tan inocuo, tan cursi -es evidente que frente al grito de «a las armas ciudadanos» del francés, el que se nos ofrece no parece que enardezca el ánimo ni el patriotismo- se debe a este falso democratismo de que cualquiera puede escribirlo. Hubiera sido mejor una pequeña comisión de expertos que consensuaran una letra que, a no dudarlo, nunca contentaría a todos, pero que con el tiempo la mayoría hubiéramos aceptado, como hemos aceptan los nuevos escudos y banderas de municipios y comunidades autónomas. Se piensa siempre contra algo y contra alguien, y en el caso de un himno que busca inflamar el patriotismo nacional español hay que contar que, por esa razón, disgustará a aquellos que no se sienten españoles o a los que simplemente dudan del concepto de nación, «discutido y discutible» y defienden principios universales de amor fraterno entre los pueblos y de alianzas de civilizaciones. A mí no me gusta este letra, no por su cursilería o sus tópicos, algo que todos los himnos nacionales contienen, sino por su generalidad, pues con la excepción del «Viva España», puede aplicarse a otros muchos países del mundo sin excesivos contratiempos. Sin embargo, estoy de acuerdo en la necesidad de un himno, pues una nación no puede prescindir de señas de identidad como la bandera, el himno y ciertas gestas de su historia que deberían jalonar el calendario anual. Dichas señas vertebran la nación e impide que otras particulares la fragmenten, como realmente está ocurriendo con nuestra patria. España no es plural -la soberanía no puede dividirse, es sólo una-, sino diversa en sus tierras y costumbres, lo que, por otra parte, la enriquece. Parece increíble que haya tenido que ser el COE el que tomara la iniciativa de ponerle letra al himno y no los partidos políticos; pero éstos, como su nombre indica, son sólo partes, y muy frecuentemente no nos representan, como debieran, a todos. Por esto, aunque no me gusta la letra -creo que podría haberse modificado y mejorado la de Pemán y con ello bastaba- no tengo ningún inconveniente en aceptarla. Nace de una iniciativa popular y por un motivo legítimo, como es el deseo de los deportistas de poderla cantar en los eventos internacionales en los que participan. Con esto es suficiente. Estoy seguro de que si el parlamento la aprueba, con más o menos reticencias al principio, la mayoría la aceptaremos luego; algunos nunca, pero ya he dicho antes que pensar es siempre pensar contra alguien o contra algo; si se pretende el consenso absoluto nunca tendremos una letra para el himno nacional, que es lo que algunos quieren.

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