Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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LE HAN puesto letra al himno español, que ya la tenía, ese entrañable chunda chunda, mitad onomatopeya, mitad estruendo de mofletes, con el que era entonado y nos hacía sentir políglotas. Aquí se chundadea el himno, la novena de Beethoven y lo que haga falta. Ahora, el COE y la Sociedad General de Autores se han sacado por concurso y de la manga de un señor de Extremadura la letra para la marcha real. La banda sonora de El bueno, el feo y el malo no tiene letra, ni falta que le hace, tampoco la marcha de El puente sobre el río Kwait , y ahí están, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo, presentes en nuestros silbidos cotidianos. Puestos a dejar una herencia musical a las generaciones futuras, mejor sería garantizar la supervivencia del patrimonio musical desperdigado por los pueblos. Nuestro himno podía ser entonado con la mirada, en la que caben desde sinfónicas wagnerianas a rasgueos de guitarra. Pues no, toma letra. Ya puestos a ponerle literatura a aquello que en nuestra idiosincrasia no puede tenerla, ¿no hubiera sido más razonable designar como himno oficial del Estado español el de Real Madrid, por todos conocido y admirado, representante de nuestra identidad patriótica colectiva? ¿Acaso no somos todos del equipo blanco, hasta quienes ignoran serlo, incluido Carod Rovira? Salvadas reticencias puntuales enseguida hubiese imperado el consenso. Advertido queda: conmigo que no cuenten, me niego a memorizar letra alguna. Antes me tiro al monte, en un whitmaniano canto a mí mismo. Y ojo, porque habrá que pagar derechos de autor cada vez que se entone en la ducha, lo que terminará derivando en un canon sobre el precio del champú, impuesto que habrán de pagar incluso los calvos. Al tiempo.

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