Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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RAJOY se encaminaba hacia el 9-M sin ningún as económico que oponer a la jugada socialista de Pedro Solbes, lo cual no le auguraba ningún beneficio electoral, pero sabía que en la trastienda del PP, y en calidad de amigo, solía verse a Manuel Pizarro, funcionario de altísimo nivel jurídico y empresario fogueado en duras batallas de ámbito internacional, del que podía esperarse en justa correspondencia a delicadas atenciones mutuas que aceptase convertirse en la contrafigura de Solbes. La batalla electoral sobre el campo de la economía se aventura equilibrada y de muy alto nivel. Lo atinado, oportuno y hasta ligeramente providencial de este gran fichaje «popular» del invierno político viene subrayado por el malhumor con que el PSOE lo ha recibido, como doliéndose del adversario que se le viene encima a Solbes. José Blanco, le ha calificado de «tiburón» de los negocios, y Fernández de La Vega improvisaba el argumento de que «el PP quiere volver a la política de los amigos, de tan infausto recuerdo», coincidiendo todos en que en que es bueno que Pizarro salga de las bambalinas. El póster popular, Rajoy, se mostraba exultante, afirmando que «Pizarro tiene muchas más ganas que Solbes, tiene muchísimo más coraje, tiene mucha más fuerza y tiene un diagnóstico de la economía española mucho más ajustado a la realidad ». Sobre Pizarro, además, hay coincidencia de pareceres en todo el ámbito del PP, incluido el que ostenta un amplio margen de influencia invisible. Pero el fichaje complica la confección de la lista electoral madrileña, en la que aún palpita la incógnita de Ruiz-Gallardón, quien tal vez ni mañana jueves se entere de lo que va a ser de él. Porque hay que meter a Zaplana, repudiado por el PP valenciano, y a personajes del «aparato» tan sutiles como Carlos Aragonés, o de segunda generación como Gabriel Elorriaga, cuyo padre mantuvo siempre con Fraga una estrechísima relación de amistad. Sólo un dato enturbiaba ayer el alborozo del PP, esperanzado en salir el 9-M de Cataluña más airoso que hace cuatro años, y es que a Pizarro se le culpa de haber torpedeado la opa de Gas Natural sobre Endesa, como si el entonces presidente de la eléctrica hubiera ejercido un veto político, ordenado por el conservadurismo mesetario, a que Cataluña se convirtiera en una mediana potencia energética. Pero si se lee la cotización de las acciones de Endesa entonces y al ser opada por la alianza italoespañola se comprueba que Pizarro actuó como un excelente gestor, al servicio de los accionistas y, a lo mejor, satisfaciendo de paso algún deseo político.

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