EL CORRO
Veinticinco años de retraso
A ESCASAS semanas de las elecciones es noticia el inicio de las obras de la futura Autovía A-60 (Valladolid-León) en el tramo comprendido entre la capital vallisoletana y el aeropuerto de Villanubla. Los socialistas presentan el hecho como el cumplimiento de una de las promesas adquiridas en 2004 por José Luís Rodríguez Zapatero. El PP denuncia el retraso en iniciar el desdoblamiento de la N-601 y argumenta que a este ritmo no estará concluido hasta más allá de 2020. Lo de menos, a mi juicio, es esta última demora de tres o cuatro años, que incluso habría que dar por buena, siempre y cuando las obras ya no se detengan, comiencen de inmediato también desde León y avancen simultáneamente en ambas direcciones. Lo lamentable es que estamos hablando de una infraestructura que en realidad acumula 25 años de retraso, los mismos que cumple el próximo día 25 el Estatuto de autonomía de Castilla y León. Es el mismo cuarto de siglo que llevan los sucesivos presidentes de la Junta arrastrando esa eterna asignatura pendiente denominada «vertebrar la Comunidad». Ninguno ha conseguido aprobarla. Algunos han avanzado, pero nunca lo suficiente, y otros, como el actual, ni siquiera progresan adecuadamente. El desequilibrio territorial entre las provincias del oeste y el resto empieza a ser alarmante y la desafección de los leoneses respecto a las instituciones autonómicas es la que es y no voy a ser yo quién trate aquí y ahora de describirla. En suma, la cohesión política y social de la comunidad de Castilla y León está hoy tan entredicho o más que antaño. Unir Valladolid con León por autovía es mucho mas que conectar las dos principales ciudades y provincias de una misma comunidad autónoma, cosa de por sí nada baladí. Es reforzar el delicado cordón umbilical entre los territorios de los dos antiguos reinos que la conforman. Es acercar (ya que no físicamente, al menos en tiempo) la sede de las principales instituciones autonómicas a unos ciudadanos que, si bien participan en su elección, se sienten escasamente identificados con ellas. Todo esto ya era así en 1983, año de promulgación del Estatuto de Castilla y León y de las primeras elecciones autonómicas. Y, sin embargo, en estos 25 años ninguno de los gobiernos autonómicos cayó en la cuenta de que el primer y más efectivo paso para vertebrar política, territorial, económica y socialmente la Comunidad consistía en algo tan elemental como unir por autovía Valladolid y León. ¿Miopía política? Yo diría que absoluta ceguera. No sirve de excusa decir que la N-601 es de titularidad estatal, es decir, competencia del Ministerio de Fomento. También lo era la N-120 y ello no fue óbice para que la Junta asumiera la construcción de la autovía del Camino de Santiago entre León y Burgos, cuyo coste terminó sobrepasando la friolera de 390 millones de euros. Con bastante menos dinero se podía haber construido la autovía Valladolid-León. Pero el lumbreras de turno (largo turno, ya que fue Juan José Lucas) no supo o no quiso atender esa prioridad y optó por otra que ni siquiera lo era, en claro detrimento de eso que él mismo llamaba «vertebrar la comunidad». Y luego se extrañan de que se les resista la asignatura...