Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

No quiero nada, sólo ser feliz

Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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DECÍA EL franchute rojo de Sartre que la felicidad no es lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. Y un amigo mío, de esos de retranca gallega, me confesaba la desazón que tiene con su hijo, cuando trata de pincharlo para que espabile, abandone el sofá y la puñetera «play-station», (o como se escriba), y recibe siempre la misma respuesta del crío: «Papá, yo no quiero nada, no quiero ser rico como tú; sólo quiero ser feliz». ¡Qué cabroncete el chaval!, ¡Menos mal que no quiere nada!. Estupefacto me quedé hace unos días cuando paseaba a mi perro (dudo ahora si era él el que me paseaba), y en el banco de un parque, un mico de unos diez años, -no más-, le espetaba en las canas de su abuela lo mismo: «Mira, yo no quiero cosas: sólo ser feliz». Mi perro, ni se inmutó, pero yo sí. La abuela trataba de razonarle, pero quizá por esa tendencia de la conciencia colectiva del pensamiento único, que parece se está aposentando en los que vienen detrás empujando, aquí todo dios quiere ser feliz sin pegar un palo al agua. Pero, ¿qué carajo nos pasa?, porque ciertamente, pensando un poco, a mí me sucede lo mismo: «Zapatero, yo no quiero en el Bierzo una o dos ciudades de la energía, ni AVE, ni autovía Ponferrada a Orense, ni tan siquiera a Bragança; yo sólo quiero ser feliz». Y a Rajoy le digo lo mismo, ahora que puedo y están pidiendo el voto. Pero acto seguido concluyo que lo que me salva es que quiero lo que hago, como Sartre. Ya saben, esa locura que te va en vena y se llama periodismo. No soy hijo de la Logse, esa ley que metió a los jóvenes en la cabeza que, estudiaras o no, aprobabas igual. Que no hacía falta esforzarse, que lo importante aquí es ser feliz. ¡Manda truco!, que diría mi abuelo. Y pensando, pensando, me da la impresión que en esta campaña electoral, el de la ceja oblicua y el de la barba cana (no hay más, porque Llamazares se clonó en muñeco virtual), no quieren nada de nosotros, sólo hacernos felices. Pero, ¿no habíamos concluido que la felicidad no existe?. ¡Ah!, ya: que la política busca la utopía. ¡Pues hombre, haber empezado por ahí! Que los 400 euros de ZP habrá que buscarlos en la utopía, y que la prosperidad con rebaja de impuestos y sin presión fiscal de Rajoy, también. Aquí, en este Bierzo que nada a contracorriente, con empresarios audaces y valientes en medio de los aullidos de los que barruntan crisis, la campaña electoral de las nacionales está descafeinada. Los políticos no nos ilusionan, y ni lo intentan. Los del PSOE se han arrugado después de haber prometido los 8.500 puestos de trabajo y decir Zapatero que él no estaba allí. Y ya no prometen. Y los del PP, pues eso, la puntita nada más. No vaya a ser que prometa y luego haya quien recuerde. Y así, me conformo con una autovía a Orense y un AVE. Vamos, lo que tiene que venir. Hace falta más coraje político. Aunque se meta la pata hasta el fondo. Hace falta espolear a esta sociedad amorfa, complaciente, la que no quiere nada y sólo quiere ser feliz. Hace falta una pizca de utopía, de ilusión, de riesgo. Y, sin faltar al respeto a nadie, ya está bien de ser unos meapilas acomodados en lo políticamente correcto. ¡Vamos, movimiento, sociedad!

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