Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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NO SÉ si este nuestro es o no país para viejos, pero debería serlo, son la lumbre en el camino. Saben quién eres, aunque haga ya mucho que dejaste de serlo. Están contigo incluso cuando han dejado mentalmente de estarlo. ¿Se les concede importancia en los programas electorales, más allá del interés por su voto? Es un factor que deberíamos tener en cuenta al ir a las urnas. Los viejos están de regreso, y no en el sentido escéptico de la expresión. «Madre mar te entrego el remo. Vivir no es necesario, navegar sí¿», decía la máxima que los fenicios llevaban en sus barcos. Cuando se hagan públicos los resultados electorales, todos los políticos dirán haber ganado, algunos con triples mortales en la interpretación de la estadística, y en las tertulias de las radios y de las televisiones los catedráticos en nada jurarán -en falso- que los datos son los que ellos profetizaron. Y, mientras tanto, para muchos ancianos la jornada sólo será otro día más en el blues del si te he visto no me acuerdo. Es horrible decepcionar a un niño, pero aún más a nuestros mayores. Hagamos entre todos que España sí sea un país apto para los viejos, donde podamos servir a quienes nos sirvieron antes. Ninguna sociedad puede ser justa sin serlo con quienes tras una vida de navegación, y no siempre por mares en calma, regresan al puerto; como diría el rey Theoden, el personaje creado por Tolkien, a reencontrarse con sus propios padres y mirarlos a la cara sin avergonzarse. Pero para ello, hay que vivir sintiéndose en deuda con las generaciones que te han precedido. Las sociedades primitivas lo sabían¿ ¿lo hemos olvidado nosotros? El nuestro sí ha de ser país para viejos. Y no sólo porque el sol y la sombra sean gratuitos. Afortunado el adulto que tiene a sus viejos consigo.

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