Diario de León

TRIBUNA. DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Un paso hacia la igualdad El gueto de terciopelo

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MARTA MAGADÁN. EDITORA TERESA GUTIÉRREZ. CONCEJALA DE LA MUJER DEL AYUNTAMIENTO DE LEÓN
León

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Conmemoramos un año más el 8 de marzo, el Día Internacional de todas las mujeres. Un día lleno de reivindicaciones, de esperanzas, y sobre todo de futuro. Siempre es un día importante, pero este año significa aún más porque tenemos que tomar la decisión, las mujeres y los hombres de nuestro país de avanzar por el camino que el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero comenzó hace ahora 4 años, o retroceder. Y digo retroceder porque, la alternativa de gobierno, supondría un nuevo paso al pasado. Hemos dejado atrás los momentos en los que las injusticias y las desigualdades contra las mujeres se consideraban del ámbito privado y personal. Los datos son claros: Como media, la mujer española gana un 28% menos que el hombre, tiene contratos laborales más precarios y una doble jornada laboral que se traduce en una reducción de su tiempo de ocio y tiempo libre, que a su vez incide en su estado de salud. Por otro lado, según la Encuesta de Población Activa (EPA) la tasa de actividad registra una diferencia de 22 puntos en detrimento de las mujeres (47,8%) frente a los hombres (69,5%) (datos correspondientes al tercer trimestre de 2006). Además, por cada hombre que abandona su puesto de trabajo por razones familiares, lo hacen 27 mujeres, según datos del INE. A nadie se le escapa que el 83% de las personas que cuidan a un dependiente son mujeres, según nos revela el Libro Blanco de la Dependencia y que cada 10 contratos temporales, 8 son ocupados por mujeres, en relación con los datos del Ministerio de Trabajo y AA.SS. Por suerte, hoy contamos con una Ley Integral contra la Violencia de Género que nos permite contar con más instrumentos y más recursos contra la lacra intolerable del machismo criminal. Y contamos con una Ley para la Igualdad efectiva entre mujeres y hombres, que significa el reconocimiento del derecho de las mujeres a compartir en equilibrio con los hombres, todas y cada una de las facetas de la vida social, política y familiar. Hemos abierto los caminos hacia la igualdad efectiva, pero ahora hay que transitarlos, y tenemos que hacerlo entre todas y todos, conscientes de que estamos ejerciendo derechos de ciudadanía. Derechos conquistados, que no pueden arrebatarnos. Aunque todavía se ejercen constantes discriminaciones y abusos, desde el PSOE seguiremos trabajando para que las mujeres puedan vivir su maternidad plenamente, con la garantía de protección de los poderes públicos, y para que puedan iniciar cualquier carrera profesional, emprender cualquier proyecto personal, sabiendo que habrá menos obstáculos, que los techos de cristal ya no son irrompibles. Hoy podemos divisar con confianza el futuro que está por venir. Este es nuestro deseo para el presente 8 de marzo y para alcanzarlo tenemos que aunar nuestras fuerzas, nuestras voces. Con todos los apoyos podremos consolidar estos derechos y abrir nuevos caminos que, aunque difíciles, harán que nuestra sociedad sea ejemplar en respeto a los valores constitucionales y en la profundización de la democracia. El Partido Popular, aspirante a gobernarnos a todas y a todos, ha dicho que acata pero no comparte la decisión del Tribunal Constitucional que ha rechazado el recurso que presentaron contra la Ley de Igualdad y avala el principio de la representación equilibrada entre hombres y mujeres. Esta es la alternativa, la pura y simple marcha atrás en derechos y libertades, el freno a cualquier atisbo de progreso ante el que las mujeres siempre se llevan la peor parte. Por eso vamos a mirar con optimismo e ilusión al futuro que nos ha mostrado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y que ha hecho posible que la Igualdad y la no discriminación de las mujeres se conviertan en compromiso, en prioridad, y en exigencia clave frente a la ciudadanía. Un año más las mujeres de todo el mundo conmemoramos el 8 de Marzo. Un día que nos sirve para recordar la situación de desigualdad que sufre más de la mitad de la población. Y aunque en España hemos recorrido un importante camino de ap roximación a algo parecido a una normalización de la situación de nuestro género, no hemos de olvidar que nuestra lucha es reciente y las expectativas que sobre nuestros logros en la sociedad del siglo XX y XXI podíamos tener, se han ido desacelerando. La situación casi podría resumirse en los primeros versos de la canción «A qué le llaman distancia» de Héctor Roberto Chavero (Atahualpa Yupanqui): 1. A qué le llaman distancia . En la actualidad, sólo el 54% de las mujeres en edad de trabajar lo hace, frente al 80% de los hombres. Según diversos estudios, las mujeres ganan entre un 20% y un 30% menos que los hombres. Asimismo, las mujeres desempeñan la mayor parte de los trabajos mal pagados y menos protegidos, pese a trabajar las mismas horas que el hombre o -en muchas ocasiones- más que él. Uno de cada cinco altos cargos de las empresas españolas está ocupado por mujeres. En concreto, 925.944 mujeres desempeñan actualmente aquellos puestos considerados de mayor responsabilidad empresarial, como son los de administradora, consejera, consejera delegada, presidenta, vicepresidenta y directora/gerente. En total, las empresas españolas declaran tener más de 4,6 millones de altos cargos y de ellos las mujeres ocupan un 19,84%, el equivalente a casi uno de cada cinco, según los datos del Borme. 2. E so me habrán de explicar. A pesar de las nuevas leyes y reconocimientos sobre el papel, las mujeres seguimos enfrentándonos a una nueva forma de «alienación» ya que, en muchos casos, algunos sectores profesionales y laborales se feminizan y se acaban considerando trabajos aptos para mujeres. Esto es lo que se denomina «gueto de terciopelo», expresión introducida en 1978 por la revista Business Week para identificar áreas de desempeño profesional y ocupacional que incrementan su población femenina o se «feminizan» con una consecuente disminución de la calidad, salarios y condiciones de trabajo y posibilidades de ascenso a posiciones ejecutivas. Entre las conclusiones de los estudios se señala que dado el deterioro de las condiciones de trabajo que acarrea la feminización de tales áreas, el famoso «gueto de terciopelo» se convierte rápidamente en un «gueto de poliéster». 3. Sólo están lejos las cosas que no sabemos mirar . Aunque, vamos mejorando, la desigualdad sigue presente, no sólo en la empresa privada, sino también en el ámbito público. Hemos de encajar en un sistema de valores diferentes a los que constituyen nuestro bagaje histórico y, en donde los nuestros son considerados de segunda categoría, cuando no inadecuados. Ello nos procura nuevas y más sutiles formas de discriminación. Esta incorporación a lo público y, fundamentalmente a la educación y el empleo remunerado, ha supuesto para nosotras -respecto a una situación previa, no tan lejana en el tiempo- grandes avances a los que no podemos, ni queremos, renunciar. La influencia real de las «mujeres que mandan» todavía es muy reducida y aún no tienen suficiente poder para plantear cambios que favorezcan la igualdad. De ahí, que sea tan importante, que las mujeres creemos nuestra propia empresa. En la era de la conciliación, las mujeres buscan en su trabajo flexibilidad de horarios para respetar la vida personal. Los expertos aseguran que las tareas del futuro serán individualizadas y equilibradas para atender las prioridades de cada persona. Las mujeres autónomas siguen esforzándose por la igualdad. Se intuyen cambios. Las mujeres continúan demandando presencia en instituciones que nos reciben muy bien en primera instancia pero que, a la hora de conformar los órganos de decisión de éstas, nos quedamos al margen, envueltas en un paternal abrazo de terciopelo. La lucha ha de continuar por la base y por el techo de cristal, pero ninguna de nosotras ha de olvidar que, como dijera Atahualpa Yupanqui: «las leguas desaparecen si el alma empieza a aletear».

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