TRIBUNA
UPL: la guerra fría de las embajadas
NO ANDARÉ con sutilezas ni circunloquios. La situación es grave. UPL va camino del quebranto de no mediar solución razonable. Desde la diáspora madrileña así lo percibimos y creo en conciencia que no nos equivocamos en absoluto. Es el peor itinerario por el que peregrina el partido en toda su historia. Los pactos tornadizos aquí y allá, la endogamia estructural, las deudas asfixiantes, los personalismos, las heridas abiertas por el congreso irregular de noviembre, la pérdida de miles y miles votos en las pasadas elecciones generales, la ausencia de esmero y solidez en la ejecutiva y, por último, la «guerra fría de las embajadas», con la desafortunada apertura de una «oficina de prensa», cual legación sediciosa montada por los procuradores de UPL en las Cortes autonómicas, a escasa distancia de la cancillería leonesista de la calle República Argentina, han avivado un fuego que ya abrasaba las entrañas del partido. Todo lo que puede ir mal, ira mal, y además es susceptible de empeorar, sentenció Murphy en su frecuentada teoría, muy al caso. Desde distintos sectores, grupos y sensibilidades se ha marcado territorio y tomado posturas ante los desdichados acontecimientos. Las filias y las fobias se han adjudicado por igual. Desde UPL-Madrid realizamos en su momento una suerte de llamamiento a la cordura y a evitar la segmentación que no conduce nada más que a recrudecer el deterioro en el que se encuentran inmersas las siglas. Pero ante este tipo de situaciones límite tampoco conviene pecar de ingenuos y acaso no sean suficientes, seguro que no, las llamadas candorosas a la concordia. Lo aconsejable es el análisis, diagnóstico y tratamiento de choque, si procede. Y así las cosas, es evidente que procede abordar con inaplazable determinación el problema. Pero, ¿qué subyace verdaderamente detrás de esta crisis, sin duda la peor de las afrontadas? Seamos realistas. Quizá la distancia permita, a los que no vivimos a tiempo total en las tierras leonesas, divisar el contexto con más clarividencia que aquellos otros que se hallan inmersos a diario en el ojo del huracán. La «guerra fría de las embajadas» no es más que la punta del iceberg que tarde o temprano tenía que emerger con inusitada virulencia. Las heridas, saturadas en falso desde hace mucho tiempo, siguen goteando hasta que los puntos, inevitablemente, han reventado por la presión incontenible. Es una ley natural. Durante años se han embrollado las ambiciones legítimas con las espurias, la acción con la omisión, la estrategia con la espontaneidad, la ética con la estética, lo utópico con lo pragmático, la rectitud con la ligereza, las amistades con las conveniencias... Un auténtico cóctel molotov de pasiones desatadas que irradian un espectáculo incompatible con las urnas, como bien se ha visto. Hay que caminar hacia la urgente desactivación del conflicto de todos contra todos. Es necesario desterrar el nivel de cainismo que contamina las filas del partido y promover la saludable autocrítica constructiva. No se puede retrasar por más tiempo la convocatoria del Comité Ejecutivo Central, máxima potestad entre congresos (es inaudito que un mes después del 9-M aún no se haya celebrado) y analizar por qué en los comicios generales se han obtenido menos votos que afiliados existentes y debatir sobre la hoja de ruta que conviene al leonesismo, incluida, cómo no, la complicada «guerra fría de las embajadas» y la inevitable refundación del partido si se quiere superar con garantías la crisis metastasiana. En todo caso, no cabe duda que buena parte de la solución, yo diría que la solución misma, está en un planteamiento que viene reclamando muy acertadamente Leonesismo y Sociedad para la instauración de un régimen general de Caja Única contable; un sistema de financiación copartícipe y solidario que tienen adoptado en la actualidad todos los partidos serios del país. Porque no nos equivoquemos señores, en el fondo estamos hablando, salvo honrosísimas y muy contadas excepciones, de poder político y económico. En efecto, UPL debe incorporar el modelo de Caja Única, de tal manera que se consideren recursos directos del partido los ingresos obtenidos en función del acta de concejal en los municipios de más de 10.000 habitantes, acta de miembro del Consejo Comarcal del Bierzo, acta de diputado provincial, acta de procurador autonómico, acta de diputado y acta de senador, así como la pertenencia a consejos de administración y órganos de control en cualquier entidad bancaria o sociedad donde se desempeñe un cargo de representación en nombre o por mandato de UPL, o del acta obtenida a partir de sus listas electorales. Lógicamente, para el correcto desempeño de la función de los titulares y de sus grupos políticos, el Comité Ejecutivo Central acordaría, como ocurre en otras formaciones políticas, la suficiente y holgada asignación mensual. Que no quepa la menor duda que esta medida evitaría de raíz, y por sí sola, todas las disensiones internas de cualquier naturaleza, y además reflotaría a un partido devorado por las deudas y con una economía de «guerra». ¿Prosperará la iniciativa? Ya lo dijo el filósofo: las bolsas pesadas hacen ligeros los corazones. El tiempo dictaminará.