TRIBUNA
¿Huelga de médicos?, no. Huelga de la CESM
EL MUY RESPETABLE derecho de huelga está contemplado en nuestra Constitución y su ejercicio está previsto para forzar a la patronal a la negociación en busca de mejoras en las condiciones laborales de los trabajadores. Este derecho está garantizado, por tanto, siempre que los motivos sean reales y que la patronal no esté dispuesta a la negociación. Este caso que nos ocupa, y preocupa, es sin embargo muy curioso. Los promotores de la huelga quieren imponer no tanto el qué negociar como el dónde, el cómo y el quién tiene derecho a negociar. La opinión pública y todos los médicos engañados por la CESM deben saber qué se está negociando. Deben saber que en esas negociaciones se están contemplando la práctica totalidad de las reivindicaciones alegadas por la CESM como presuntas razones para vender su huelga. Deben saber también que todas las organizaciones sindicales presentes en la mesa sectorial estamos de acuerdo en esas reivindicaciones y, además, que el propio consejero de Sanidad declara también estar de acuerdo en la necesidad de negociar sobre ellas. La UGT denuncia, como el que más, que los médicos de Castilla y León ganan poco, a pesar de que la CESM, antes de las elecciones sindicales del 31 de enero, dijera que éramos de los mejor pagados de España. La UGT exige un Plan de Consolidación de Empleo para acabar con la alta tasa de interinidad. Los Acuerdos sobre Jornada y Guardias, que firmó Cemsatse (coalición de CESM y Satse), adolecen de graves defectos y precisan renegociación. Sobre todo esto, Sacyl ha puesto encima de la mesa varios documentos para negociar. Sobre carrera profesional se está ya negociando con la participación de todos los sindicatos, también de Cemsatse. Hemos conseguido ya el compromiso sobre la mejora y posterior legalización del acuerdo de los médicos internos residentes. Entonces, ¿cómo se entiende está huelga?. Pues sólo desde la defensa de los intereses de un grupo minoritario de médicos, los que trabajan también en la sanidad privada. Porque, a la vista de todo lo expuesto, sólo dos cuestiones separan las posturas de unos y de otros. En primer lugar, la CESM pretende que se negocie, sólo con ellos, todo aquello que afecte al personal facultativo, olvidándose de que hay más médicos fuera de la CESM que dentro de ese sindicato, y pretendiendo además incumplir la Ley sobre Negociación Colectiva, que define dónde y con quién debe negociarse; esto es, con los sindicatos más representativos, y en la mesa sectorial de Sacyl. La segunda cuestión que explica este conflicto es el plus de exclusividad. La UGT defiende, lícitamente, que sea percibido únicamente por los médicos que trabajan en exclusiva para el sistema público. La CESM, por el contrario, defiende que lo cobren también los que trabajan en la privada. Y esta postura de la UGT no es ir contra el poder adquisitivo de nadie, es simplemente seguir la línea de coherencia ideológica que defiende nuestra organización sindical, y que no es otra que la apuesta inequívoca y rotunda por la sanidad pública. Otra cuestión es que, efectivamente, las retribuciones de los médicos sean bajas, que lo son, y que habrá que mejorarlas de manera sustancial; pero las de todos los médicos, no sólo las de los que trabajan en la sanidad privada. La CESM, para defender esta cuestión, utiliza la frase «a igual trabajo, igual sueldo», que por lo visto, igual vale para un roto que para un descosido. Vamos a ver, en las retribuciones de todos nosotros, hay complementos retributivos que contemplan otras cuestiones, por los que aplicando este mismo principio, manipulado eso sí, debería retribuirse a todos de forma lineal. Podríamos poner distintos ejemplos; pero voy a utilizar uno de fácil comprensión: la antigüedad. ¿Por qué va a cobrar más un médico que lleve veinte años trabajando que uno recién ingresado en el empleo público?. Sacando de contexto la frase antes mencionada, no deberían cobrarse cantidades diferentes en concepto de antigüedad porque «a igual trabajo, igual sueldo». Directamente, iríamos desde la manipulación de un concepto hasta el absurdo. Hay complementos retributivos que premian o estimulan distintas facetas de la actividad. Nosotros creemos que es bueno para el sistema público el que se premie la especial dedicación a lo público. La CESM no. Lo que hemos comentado, y que aquí ratificamos, sobre el hecho de que las consultas privadas aumentan paralelamente al incremento de las listas de espera, es una obviedad tan lógica que no admite discusión. ¿Y quién se aprovecha de ello? Nadie dudaría en contestar que los médicos que trabajan en la privada. Decir esta verdad ¿es insultar a alguien?. Algunos ya sabemos que la ley dice que no se puede atender a los mismos pacientes que te correspondería atender en Sacyl, en tu consulta particular; pero ¿se respeta siempre esa ley?. Yo puedo asegurar que, en muchos casos, no, y muchos pacientes podrían testificar en este mismo sentido, ¡no seamos hipócritas!. En todo caso, cuando decimos que algunos se aprovechan de las listas de espera de Sacyl en sus consultas privadas, eso no implica necesariamente que cada uno atienda «a sus propios pacientes». Y ya está bien de seguir manipulando. La UGT ha denunciado, denuncia y denunciará las deficiencias de la sanidad pública en León, como ninguna otra organización social. No hay más que revisar las hemerotecas. No hemos visto, con ese mismo afán, a los que ahora, repentina y coyunturalmente, se convierten en «defensores de lo público». Ya está bien de manipular declaraciones para, retorciendo argumentos, acusar a la UGT de estar contra los médicos, de insultar a los médicos, o de llamarlos privilegiados. No es cierto, nosotros hablamos de los privilegios de la CESM, no de los médicos, que no es lo mismo. El que cumpla la Ley de Incompatibilidades, el que no haga trampas con la huelga, y no manipule ni intente engañar a colegas y ciudadanos, no debería sentirse insultado porque merece todos nuestros respetos, faltaría más. Y ya está bien de seguir hablando de los bajos sueldos, de los interinos, de los residentes, de las jornadas abusivas, etcétera, como razones de esta huelga. Es seguir engañando a los médicos y a la sociedad. La UGT, y el resto de las organizaciones sindicales, también estamos de acuerdo en esas reivindicaciones. Lo que no vamos a tolerar es que sólo la CESM decida sobre ello. Muchos de nosotros, también médicos, podríamos hablar de los años que nos ha costado, a unos dejar de ser interinos, a otros conseguir una interinidad o incluso una sustitución. Muchos han sufrido, sufren y sufrirán las penalidades de nuestra profesión; pero eso no es un monopolio de los médicos de la CESM. Denunciar, como ha hecho la UGT, que la huelga ha sido estratégicamente preparada para que, aún con un bajo seguimiento, provoque un notable efecto sobre los pacientes, no es nada más que decir lo que todos piensan y pocos nos atrevemos a concretar públicamente. Nos ratificamos, entonces, en que ésta es una huelga contra la sanidad pública, que sólo favorece los intereses de la Privada y, por tanto, los de los que en ella trabajan. o es una huelga para defender los intereses de los médicos, sino para mantener los privilegios de la CESM. No es una huelga por la dignidad de los médicos. No, la dignidad de los médicos vale más, infinitamente más, que ochocientos euros mensuales. ¿Por qué no nos vemos, tranquilamente, en las mesas de negociación y comprobamos, con luz y taquígrafos, en todo en lo que estamos de acuerdo?. No, es más fácil seguir vendiendo victimismo y demagogia. ¿Se trata de defender los derechos de los médicos o de que la CESM se cuelgue la medalla?. No se pueden tomar como rehenes a los pacientes, y a su salud, para defender intereses muy particulares, que no son los de la mayoría de los médicos. No olvidemos que los que más están sufriendo esta situación son los más humildes económicamente, aquéllos que no puedan pagarse la consulta o la intervención quirúrgica en la sanidad privada. Y no se olvide: los presuntos motivos no son otra cosa que falacias.