Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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BERLUSCONI, está tan gagá que no se ha enterado todavía de que a las muchachas de hoy día ya no les va el rosa... ni en la cuna. En el planeta femenino lo que hay, y lo que viene, es multicolor. Il Cavaliere bromea sin tasa, es un cachondo, pero tiene a Italia desnortada y hecha unos zorros. Ya le vale que haya tenido que salir Esperanza Aguirre a marcar distancias con el magnate-césar-imperator italiano defendiendo la valentía de Zapatero al inundar de mujeres el consejo de ministros: «este es el siglo de las mujeres» recordó la belicosa presidenta de la Comunidad de Madrid (y bien que sabe esto Rajoy). Hay como un hondo abismo entre ese proyecto liderado por Berlusconi (de nombre tan pomposo y antañón como inquietantemente ambiguo: Pueblo de la Libertad ) y esa apuesta por la «modernidad» de Zapatero quien, a veces, parece ir como un paso por delante, como marcando el camino con el banderín de una audacia que parece ilimitada y que también produce bastante inquietud; algo lógico y comprensible en una sociedad en la que, a velocidad de crucero, se han ido rompiendo moldes que parecían intocables. Entre ese Berlusconi que parece más partidario de cerrar que de abrir fronteras, que se atreve a plantear la creación de «campos» para identificar a los extranjeros sin empleo y que tiene en su país el índice de criminalidad más alto de la UE, uno se queda con la apuesta de modernidad de Zapatero y con esa confianza sin fisuras en la mujer que, sin duda, se ha ganado muy a pulso todas sus conquistas sociales y personales. Aun con todas las dudas y los escepticismos que puede suscitar el novedoso Gobierno (lo de Igualdad mola y lo d e Agricultura subsumida en Medio Ambiente dej a ciertamente perplejo), se aprecia una brisa de renovación que parece enlazar con esa necesidad que tiene la «izquierda socialista» (concepto hoy por hoy muy resbaladizo) de adaptarse a los cambiantes tiempos que vivimos. El riesgo, ya se sabe, es que los deseos, los buenos deseos, queden desfigurados y hasta triturados por la cruda realidad. Ahora bien, si de verdad queda algo de izquierda y algo de socialista en ese proyecto liderado por Zapatero y jalonado de guiños progresistas y simbolismos, lo veremos pronto. Y habrá que verlo con algo más que con frases hechas y gestos populistas como los famosos 400 euros. Se trata de poner negro sobre blanco conceptos tan trillados como el de la solidaridad interregional. Hablamos de impulsar con generosidad y coraje una política de pactos sólidos en materias claves como el terrorismo (ayer, de nuevo, lo puso de relieve la tesonera estupidez etarra); de recuperar y poner en práctica -con las correcciones que se estimen convenientes- instrumentos como un plan hidrológico nacional que conciba y gestione de forma equilibrada y racional un recurso tan esencial como el agua, sujeto hoy a escandalosos vaivenes políticos. Este país ha demostrado en los últimos años, pese a no pocos obstáculos, -y en particular soportando el pesado lastre de un terrorismo cruel y cegato y de unos nacionalismos insaciables- su extraordinaria vitalidad. El futuro está ahí. Es sólo nuestro. Caro Berlusconi, ¡qué cutres han sonado aquí tus carcas boutades!

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