Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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HABRÁN podido adivinar por la lluvia persistente de estos días que se acerca la Feria del Libro a la Ciudad del Puente y los que con mayor o peor fortuna se dedican al dudoso negocio de comerciar con esos curiosos y amenazados objetos encuadernados andan calculando y planificando trasvases (perdón, quise decir trasiegos, o transferencias, o cualquier otro sinónimo que a ustedes se les ocurra) de nubes hacia lo que hoy es la Cataluña seca y cabreada, ayer centro de la modernidad española. El caso es que si ahora es abril y llueve salen los libreros a la calle mendigando no ya lectores, que no están los tiempos para tanta exigencia, pero sí al menos compradores capaces de aliviar el stock que amenaza tanto la capacidad de almacenaje de los distribuidores como las posibilidades productivas de las fábricas de papel y la disposición de los pocos miles de ciudadanos que aún cultivan la decadente costumbre de leer en ese anciano soporte que llamamos libro. El humilde gancho que los sufridos comerciantes usan para esta tarea es colocar en las casetas montadas al efecto a los autores de las últimas novedades locales, dispuestos, pluma en mano, a dedicar ejemplares con amables palabras a todo aquel que adquiera, por un módico precio, su puñado de ocurrencias, vertidas en páginas recién impresas con tal arte que siempre aparece la primera de ellas en blanco impoluto, previsoramente dispuesta para tan digno menestar. Probablemente no venga a cuento pero no sé porqué relaciono esta bonita tradición con un poema del semidesconocido artista y escritor canario Juan Hidalgo que termina diciendo «el león ruge, el gato maúlla, el perro ladra, el asno rebuzna y el hombre YOEA». Y así, «yoeando», convertimos abril, la lluvia y el libro en ceremonia social para ir tirando.

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