FRONTERIZOS
Quince minutos
«A LO largo de su vida, por muy miserable que ésta sea, todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de gloria». Andy Warhol, un magnífico vendedor de humo, acertó de pleno en su visión del catecismo posmoderno. Hoy todo idiota indocumentado explota como buenamente puede su cuarto de hora, aunque algunos no se conforman con tan corto espacio de fama. A este lado del Manzanal tenemos magníficos ejemplos, dignos de componer un bestiario que haría remover de envidia en su tumba al propio Carandell y convertiría su «Celtiberia show» en un humilde breviario costumbrista. Un puesto privilegiado en este Bestiario Berciano debe ser ocupado por José Estanga, popularmente conocido como «el alcalde rockero», no sabemos muy bien porqué, teniendo en cuenta que el rock es una manifestación cultural de una enorme dignidad que poco tiene que ver con las ocurrencias seudo-musicales de este sujeto: a su lado, Cañita Brava es un Plácido Domingo. Estanga tuvo en tiempos sus minutos de gloria televisiva, convertido en muñegote con el que hacer unas risas durante un rato. El año pasado consiguió poner colorada a la mismísima Virgen de la Encina, tan negra ella, durante su inolvidable discurso del Día del Bierzo. Y ahora vuelve a estar en los papeles por un auto-homenaje erigido en medio de la plaza de su pueblo en el que un águila de jardín hortera se posa sobre un medallón abiertamente dedicado al «Alcalde rockero». La oposición de Oencia, que algo debe hacer mal cuando no consigue ganar la alcaldía a este fantoche, ha denunciado el uso de fondos públicos en la construcción de ese engendro ególatra. Pero el problema no es de coste sino de ausencia de una brigada especial de la Guardia Civil contra el mal gusto que evite este atentado a la vista que, de paso, le ha concedido a Estanga otros quince minutos de triste gloria.