AL TRASLUZ
Rajoy y los intrigantes
RAJOY ha reconocido que el PP se encuentra en un «momento difícil». No le han arrancado más al respecto los periodistas. La expresión de su rostro es un tratado de la melancolía, aunque no de abatimiento o de inseguridad. Ha de ser muy doloroso constatar la vertiginosa rapidez con la que desaparecen compañeros, amigos y pelotas, al menos atisbo de cambio, no digamos ya de caída. Ojalá arrase en el congreso de junio, para ver los malabarismos dialécticos, los viva Mariano de algunos de los actuales intrigantes. Un partido se enriquece con la existencia de diversas corrientes, incluidas las críticas, pero qué decir del actual espectáculo de lealtades quebrantables y quebrantadas, en algunos de quienes hasta hace muy poco le llamaban su líder. Cuántas pequeñas mezquindades estará observando a su alrededor, en palabras y en silencios; asumirlo como consustancial a la condición humana no debe de aliviar el doloroso pinchazo de la decepción. Posiblemente, ya se verá, estas maniobras hayan reforzado las simpatías de militancia y votantes hacia el presidente del partido. Recalquémoslo: lo cuestionable no es la existencia de otras propuestas de liderazgo, legítimas y respetables, sino la deslealtad manifiesta. El debate ideológico en un partido es un sano ejercicio democrático, pero la intriga sólo pertenece al oscuro ámbito de la traición. ¿O es que alguien duda de la procedencia de ciertos ataques contra Rajoy en algunos medios? Los antagonismos pueden ser enriquecedores. Todo el PP tiene asumido que Gallardón y Aguirre están enfrentados, pero aquí no nos hemos estado refiriendo a esa clase de rivalidad manifiesta. En la victoria electoral, todo son loas; en la derrota, y la de Rajoy fue honorable, algunos se vuelven mudos o hablan demasiado.